2 reto escritura: Don Quijote vs. Los Molinos

¡Ya está aquí el segundo reto!
A este le tenía ganas, esto de reescribir y reinventar siempre me ha gustado y ha resultado muy divertido.

Semana 2: Reescribe la escena de don Quijote con los molinos de viento, pero imaginándose que se enfrenta a hordas de zombis.

Capítulo 8
Don Quijote vs. Molinos

Frente a ellos se alzaban grandes molinos, inertes por el momento en aquel páramo yermo y seco. El sol caía vertical sobre ellos e impedía poder resguardarse del calor bajo sombra alguna.
—¡Mira Sancho! Por fin cambia nuestra suerte con esa horda de zombies. Es seguro que de sus cadáveres dos veces muertos podremos beneficiarnos.
—¿Zombies? —preguntó Sancho oteando el horizonte.
—Aquellos de allí, a lo lejos, con tez pálida y negros brazos putrefactos.
—Don, ¿qué dices? —respondió Sancho observando al hombre que le había contratado como guardaespaldas— Eso son molinos. Usados antiguamente para moler cereales y eso.
—Parece mentira que vivas en este árido y apocalíptico mundo, Sancho. Eso son almas en pena, cadáveres descerebrados, víctimas de las plagas que asedian nuestro día a día. Pero si tienes miedo aparta y déjame a mí.
Don Quijote desenfundó el revólver, al que había bautizado como Rocinante, y haciendo oídos sordos a las palabras de Sancho se dirigió hacia los molinos tras comprobar que el arma estaba cargada y lista para la acción.
—¡Cobardes, acercaos! —gritó el hombre. En ese momento un aire seco y cargado de arena se alzó e hizo girar las aspas de los molinos, pareciéndole a don Quijote que aquellos imaginarios zombies estiraban sus brazos amenazantes hacia él.
Los disparos resonaron en el desierto y Sancho suspiró, derrotado y cansado de aquellos brotes de locura que acometían al hombre de quien dependía su futuro. Pero la descabellada situación no había acabado.
Don quijote, viendo que sus disparos no surgían efecto, arrojó el revólver a un lado y desenvainó una espada que no le abandonaba, Sancho sabía, ni para dormir ni para asearse. Sancho también sabía su nombre, Dulcinea, y de su origen tan solo conocía rumores. La espada reflejó la potente luz del sol y se dirigió veloz hacia la aspa del molino que más cercana al suelo se encontraba. Dulcinea atravesó el aspa pero ésta no se rompió y don Quijote, viendo que la aspa tiraba de él, apenas tocando el suelo con las puntas de los pies, se afanó en desencajar la espada y cayó de bruces al suelo.
—¿Te falta un tornillo o qué? —profirió Sancho acercándose preocupado— ¿No te dije que eran molinos?—el chico cogió la pistola del suelo y la limpió de arena tan bien como pudo— La ha descargado por completo, la pipa ha quedado inservible —se quejó.
—Amigo Sancho no te preocupes por eso. A quien tenemos que vigilar es a Freston. Se cree muy sabio y curtido en esto de matar zombies, no quiere que le supere. Él ha convertido los zombies en molinos.
—¿Cómo va a convertir alguien a zombies en molinos? —se exasperó Sancho. Tendió la pistola Rocinante a don Quijote y éste le dio las gracias.
—Ánimo Sancho. En cuanto lleguemos a Puerto Lápice disfrutaremos de buena comida y mejor sueño. Allí estaremos a salvo de este infernal calor y podremos prepararlo todo para nuestra siguiente aventura.

*

Espero que os haya gustado, yo me lo he pasado muy bien 🙂

Si queréis leer el capítulo orginal escrito por Cervantes lo podéis encontrar aquí: Don Quijote y los molinos

Puedes leer los otros retos AQUÍ

Anna

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