4 reto escritura: Primavera

Esta semana ha sido un no parar, quería escribir una entrada sobre mi relectura de Coraline para el grupo de lectura y he tenido que dejarla a medias para no perder el ritmo con los retos.
Así pues aquí tenéis el cuarto reto, en el que he aprovechado para jugar un poco con el tiempo y la estructura ¡a ver qué os parece!

Semana 4: Escribe un relato que tenga lugar durante tu estación favorita del año y que esta tenga importancia en el desarrollo de la trama

El horizonte es una mancha rosa mecida por el viento, entre el azul del cielo y el reflejo cegador del agua.
Un pétalo perdido llega a él y se le enreda en el cabello, alza la mano, lo quita de allí y lo observa; rosado y pequeño en la palma de su mano. Un nuevo soplo de aire se lo lleva y trata de seguirlo con la mirada. Es imposible, empequeñece rápidamente. Suspira.

Era primavera pero la temperatura se parecía más a la de pleno verano. Era fin de semana y decidieron salir a dar una vuelta con las bicis. Ver los cerezos en flor, hacer un picnic, quizá incluso bañarse en el lago. Eran jóvenes y el fin de curso cada vez estaba más cerca. Eran amigos de toda la vida, vivir en un pueblo pequeño les ha obligado a ello, y tras el verano seían muchos los que no volverán a verse más. La sombra de la universidad una amenaza  a lo lejos.

El camino hacia el lago no ha cambiado, nunca lo hace. El sol le calienta la coronilla pero no es lo suficientemente poderoso como para hacerle sudar. El aire se encarga de eso y de alegrar el ambiente con un perfume dulce y sutil que proviene de la tierra, del agua, de los cerezos y de todos los animalillos que conviven en harmonía en aquella zona. Es un olor que jamás ha percibido en otro sitio y se alegra. Lo que ocurre en el lago se queda en el lago.

Tomaron fotos, hicieron el tonto subiéndose a los árboles y recordaron anécdotas de excursiones pasadas. Comieron con los pies en remojo, el agua fría del lago un gran contraste con el sol furiosos sobre ellos, y luego muchos dormitaron a la sombra, sus chaquetas y sudaderas a modo de cojín. Él no, él no podía dormir, algo vibraba en su interior y le obligaba a abrir los ojos. A barrer el horizonte, inquieto, a la búsqueda de aquello que una parte de él sentía y nadie más parecía hacerlo. Dijo que iba a dar una vuelta y emprendió la marcha dejando que su corazón le guiara.

El lago es una superficie lisa y espejada completamente inmóvil. Solía ponerle nervioso, aquella impasividad eterna ante lo que sucedía a sus orillas. Ahora le reconforta, le asegura que por muchos años que pasen, por muchas primaveras que venga de visita, allí estará su secreto, esperándole.

Estaba aburrido, quería haber podido dormir o simplemente descansar junto a sus amigos pero aquella incesante picazón le impedía estar con los ojos cerrados más de dos segundos. Había bordeado ya medio lago y todo seguía igual, nada fuera de lo común que justificara aquella extraña sensación. Se sentó en una roca, de cara al lago y suspiró. Le gustaba la calma que inundaba el lugar, ahora completamente silencioso tras las risas y gritos de sus compañeros exhaustos, pero el lago le ponía nervioso; los misterios del océano, los horribles animales que habitaban en su oscuridad, la insondable profundidad de todos aquellos cuerpos de agua que formaban la mayor parte del planeta, todos aquellos pensamientos ayudaban a su incomodidad. Con el culo aun en la roca se giró y dio la espalda al lago, quizá algo no del todo sensato pero era lo que sentía correcto. Volvió a suspirar y empezó a mover los pies adelante y atrás, removiendo la tierra bajo las suelas embarradas de sus zapatillas, empezó a formarse un agujero y ya expresamente se dedicó a profundizarlo. A los pocos segundos algo surgió entre la arena. Parecía una piedra, grande y lisa, de un color más claro que la tierra a su alrededor. Se agachó y lo acarició, estaba frío y duro pero no parecía una piedra. Empezó a escarbar con las manos hasta que finalmente pudo comprobar qué era en realidad. Un cráneo humano.

Allí está. Su secreto. La verdadera razón de que cada primavera vuelva a su pueblo natal durante unos días. Sólo es entonces, cuando brilla el sol y los cerezos han florecido, que acude al lago y visita a su amigo. Y de algún modo lo es, le cuenta qué ha ocurrido durante los últimos trescientos sesenta y cinco días, le confiesa sus miedos y sus sueños, piensa en él cuando está aburrido en clase o en el trabajo, se pregunta cómo llegó allí y porqué el lago quiso que lo encontrara. Nunca ha llamado a la policía para anunciar su descubrimiento. Ha excavado a su alrededor en busca de los otros huesos y no los ha encontrado. Sólo un cráneo entero, sin mandíbula inferior. Mejor, así es más fácil de mantener en secreto, escondido donde sólo él pueda encontrarlo, para que sólo él pueda saber qué se siente al tener algo tan preciado entre las manos, algo que en su día estuvo vivo y que ahora está muerto, algo que en su día formaba parte de una persona, que reía, lloraba y bailaba y que nunca más lo hará. Algo que le hace pensar e imaginar cómo sería crear ese cambio, ser testigo de la transición entre la vida y la muerte, sentir aquellos últimos segundos de aliento en su mejilla, notar el adormecer de los latidos del corazón en la yema de sus dedos, hundidos en un cuello largo y pálido que huele a tierra, sol y cerezos en flor.


 

¿Qué os ha parecido? No dudéis en comentar y dejar los links a vuestros propios relatos si estáis participando en el reto ^^

Anna

 

 

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