16 Reto escritura – Fama y belleza

Empezamos agoso con un nuevo reto y presentamos el 16 ya ¡casi nada!

16. Invéntate un pasado para ti: ¿dónde creciste? ¿a qué te dedicas? Haz que sea lo más diferente posible al real.

Frente al espejo observo mi cuerpo y no hay nada que no me guste. Mis músculos se marcan de manera sutil pero definida, el color canela de mi piel hace resaltar mis ojos azules y mi cabello rubio sigue manteniendo su espesura pese a que ya no tengo 20 años. Sonrío y unos dientes blancos y rectos aparecen entre mis labios carnosos. Definitivamente no hay nada que me disguste, salvo que aun estoy desnudo.
Salgo del baño y me dirijo a la cama. El traje elegido para hoy descansa sobre las finas sábanas blancas; planchado, almidonado y a medida. Me quito el reloj de deporte y lo tiro sobre la almohada, tengo que darme prisa.

Llaman a la puerta cuando aun voy descalzo y sin corbata. Abro y es ella, con un vestido azul oscuro que marca sus pechos y cae por sus caderas en una cascada de seda y chiffon. Está preciosa. Sonríe al verme aun a medio vestir y la hago pasar.
— ¿Se alargó el surf? —pregunta. Deja el pequeño bolso en el escritorio y se dirige al balcón para observar el mar y el atardecer. No tengo grandes exigencias a la hora de alojarme en hoteles, en realidad lo único que pido es que se vea el mar y pueda llegar a él en menos de diez minutos.
—Tendrás que ayudarme con la corbata —contesto. Me siento en la butaca que hay junto al balcón y me obligo a concentrarme en los zapatos negros, duros y brillantes, en vez de en su espalda, completamente desnuda de cuello a coxis.
Cuando me levanto se acerca, corbata en mano y dejo que haga.
Su perfume roza mi nariz suavemente primero hasta embriagarme por completo. Sus gestos son gráciles y aunque apenas me toca empiezo a excitarme y cierro las manos en puños para evitar ponerlas en sus caderas y acercarla a mí de un empujón.
—Listo —dice con una sonrisa. Su pintalabios es oscuro y brillante y me da rabia no poder besarla, aunque mejor o nunca llegaremos a la fiesta. Y que el invitado de honor de una cena benéfica llegue tarde, o ni se presente, no es algo que sea bien recibido por nadie.
La observo mientras recoge su bolso del escritorio y finalmente me dirijo a la mesita de noche a por la tarjeta de la habitación y mi segundo reloj.

Salimos al pasillo blanco y enmoquetado, bien iluminado y desierto y mientras esperamos el ascensor repaso mentalmente los puntos básicos de mi discurso y todo lo que mi director de comunicación ha creído necesario. ¿Quién lo iba a decir hace treinta años, mientras hacía pellas en la plaza del pueblo, que iba a ser el jefe y fundador de una de las empresas tecnológicas más importantes del mundo?
Los espejos del ascensor reflejan la imagen de un hombre y una mujer hermosos y bien vestidos y sonrío, eso sí ha sido siempre mi sueño, estar rodeado de belleza, y aunque la adoro y la encuentro perfecta, sé que no va a durar.

 

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