21 Reto Escritura – Ese no era el final

Semana 21: Empieza una historia con: “Pero ese no era el final”.

Pero ese no era el final. Lo vi en los ojos de Niles.

Todo había empezado con una absurda apuesta y demasiado alcohol en la sangre.
— Pero seguro que no te atreves a pasar la noche en la casa abandonada del bosque —dije yo. No recuerdo de qué habíamos estado hablando pero Niles había empezado a ponerse chulo y aquello fue lo primero que vino a mi mente para callarle. Lucía estaba allí, no podía prestarle atención sólo a él— Es una casa encantada. Se oyen todo tipo de psicofonías e incluso olores extraños, primero de comida y luego a sangre.
—¡Qué dices! —Rió Niles. Una risa nerviosa, no soportaba nada que tuviera que ver con espíritus y magia negra—. Eso son todo tonterías.
—No lo son —intervino Ari— Charles y yo pasamos allí una noche cuando íbamos al insti.
Sonreí burlón a Niles y guiñé un ojo a Lucía antes de coger mi jarra de cerveza. Agradecía a Ari su apoyo, pero quizá contar aquello con Lucía delante no era la más apropiado, ¿y si pensaba que habíamos tenido una aventura? Quería que me viera como un valiente, no como un mujeriego.
—Y no quiero volver allí —dije después de un largo trago. Sólo de recordar aquellas largas y frías horas a oscuras se me erizaba la piel.
—Lo siento por Ari, pero si tú has estado allí no puede ser tan malo ―contestó Niles. Y entonces sonrió y supe que había caído en mi propia trampa. Había olvidado lo retorcido que podía ser—. Si paso allí una noche, ¿aceptas hacer lo que yo quiera durante una noche entera también?
Observé a mis amigos, Ari sonreía, tranquila, aquello no la concernía; Michael llevaba hablando por whatsapp la última media hora y, como siempre, luego se quejaría de que se sentía excluido del grupo; Niles sonreía también, pero confiado y satisfecho y Lucía me miraba con aquellos ojos verdes y una pequeña sonrisa tímida, era nueva en el grupo y no sabía aun cómo actuar ante aquello.
—Me reservo el derecho a negarme dependiendo de lo que me pidas, pero de acuerdo.
—¡Entonces no tiene gracia! —exclamó Niles, llamando ahora sí l atención de Michael.
—Pues me reservo el derecho a negarme a cumplir dos de tus exigencias —Oí a Lucía reír por debajo de la nariz y supe que mi voz había sonado como la de un niño consentido en una rabieta. Por suerte el calor y el alcohol ya habían teñido de rojo mis mejillas horas antes.

Por supuesto Niles pasó allí la noche. Con Lucía. A quien al parecer le encantaban las historias de fantasmas. No pasó nada entre ellos, pero ¿quién puede superar eso? Una aventura así te une de un modo único, Ari y yo habíamos sido confidentes desde nuestra propia peripecia en la casa abandonada. ¡Fui el primero a quien le contó que se había liado con su profesor de materiales! ¿Qué secretos habían compartido Niles y Lucía? ¿Qué le habría contado de mi?

Cuando al sábado siguiente, dos semanas después de la apuesta, Niles se presentó en el piso con la mochila al hombro y dos abultadas bolsas la certeza de que la había cagado por completo volvió a mí. Y Lucía estaba con él. La venganza de Niles era vestirme con una camiseta apretada de tirantes las mallas del gimnasio y un tutú. Chanclas en los pies, una tiara en la cabeza y, obviamente, una varita que brillaba con luces de colores en la mano.
—Ahora tienes que salir a la calle —dijo mientras me sacaba una foto con el móvil. Deseé que la tierra se me tragara. Aquello era horrible, una cruel pesadilla, pero ese no era el final. Lo vi en los ojos de Niles. No iba a acabar con salir a la calle.

Lucía trataba de esconder su sonrisa, Ari refunfuñaba porque también quería una varita de colores —yo le hubiera dado la mía encantado— y Michael, que había salido de su habitación para pedirnos silencio porque estaba por skype con su novia, había acabado quedándose en el salón para observar mi transformación de chico en pijama a chico en tutú.
—No te queda mal del todo —dijo Lucía controlando su risa.
—No hace falta que disimules, puedes reír todo lo que quieras. Tengo una pinta ridícula. Si la varita fuera real todos estaríais amnésicos —Lucía rió y la esperanza volvió a mí. Quizá si superaba la venganza de Niles aquella situación sería la anécdota que nos uniera, superior al miedo de una casa en ruinas.
—Pero como me acuerdo de todo —interrumpió Niles— ahora toca salir a la calle y conseguir que diez mujeres mayores de 60 se hagan un selfie contigo.
—¿¡Qué!? Definitivamente esto es el final de nuestra amistad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s