25 Reto Escritura – el dinero y la felicidad

¡Aiiiiiiiiiii que ya llego a la mitad! Sólo tengo que escribir 27 relatos en 2 meses y medio, con el NaNoWriMo entre medio, para conseguirlo…. JA JA JA

Hablando del NaNoWriMo, a ver si para la semana que viene cuelgo una entrada hablando de ello, aunque sea para acabar de motivarme.

Semana 25: Escribe un relato sobre un personaje que en su infancia fuera pobre y ahora rico, o viceversa.

Me despierto y voy al baño. Me ducho, me pongo los pantalones de un chándal viejo y me dirijo a la cocina. A los pocos segundos el ronroneo de la Nespresso y el olor a café logran despertarme más que el agua hirviendo de la ducha. Me dirijo al comedor con la taza humeante, el suelo de parquet fresco a mis pies pero no frío, el sofá suave y mullido a mis espaldas. Doy un sorbo al café, el iPad me pilla lejos y decido que las noticias pueden esperar. Me siento a gusto y tranquilo y espero que los buenos ánimos me acompañen durante todo el día.
El piso está ordenado, limpio y tranquilo, hace años ya que logré construirme una vida mejor pero hay momentos en los que esta calma total sigue resultándome ajena. No tengo que trabajar, no tengo que estudiar, no tengo que cocinar, no tengo que hacer ningún recado ni cuidar de ninguno de mis hermanos; sólo tengo que desayunar, vestirme e ir a la oficina. Hay quien me pregunta por qué vivo en un piso de 100m² cuando puedo permitirme un chalet con jardín y piscina, pero no entienden que jamás me sentiría a gusto allí, es difícil hacer entender a alguien que siempre ha tenido lo que ha querido que para encontrar la felicidad antes que dinero has de saber qué es lo que te hace feliz, y yo ya lo sé; mi familia, mi pareja, mi trabajo y ayudar a los desfavorecidos, no todo el mundo puede trabajar duro para salir de la miseria y eso no significa que no deban ser ayudados.
Me acabo el café, me incorporo hacia el iPad y provenientes del dormitorio oigo los suaves quejidos de Rafa al despertar. Sonrío y decido volver al dormitorio. El colchón está frío, pero Rafa es una estufa humana, me tapo los pies con la sábana y aguanto la tablet con una mano mientras con la otra acaricio el cabello oscuro de mi compañero. Hace cinco años me hubiera puesto a llorar de felicidad, ahora sonrío y saboreo el momento, atento a todo lo que me rodea y catalogándolo en mi memoria para las dificultades que pueda depararme el futuro. Rafa despierta del todo, se incorpora y me besa.
—¿No vas a llegar tarde?
—Soy el jefe, puedo llegar cuando quiera.
—Y por eso llegas siempre el primero —ríe, negando con la cabeza—¿te paso a buscar luego para la cena?
—Claro.
Rafa sale de la cama y se encierra en el baño. Suspiro y decido que ya es hora de vestirse. Tiene razón, soy el primero en llegar y muchas veces el último en irme, pero es mi modo de ser, el trabajo honrado ha sido siempre la base de mis éxitos y no voy a cambiarlo por nada, mucho menos por el dinero.

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