29 Reto Escritura – Desaparecer

¡Seguimos poniéndonos al día de los retos semanales!

Semana 29: Describe un personaje que tiene el peor de tus malos hábitos, pero exagerado al extremo.

Lo había descubierto al cumplir los 12 años, cuando sus padres habían empezado a discutir con más frecuencia. Empezaba a la hora de la cena, con su madre cocinando y su padre planchando en el salón con las noticias en el televisor mientras él hacía los deberes o jugaba con su consola.
Luego nunca lograba recordar qué frase o mirada lo había iniciado todo, qué era lo que su padre había insinuado o qué escusa había puesto su madre, pero los gritos siempre llegaban. Con ellos venía también la sensación de agobio, las ganas de desaparecer sin llamar la atención, de traspasar paredes y abandonar el salón en silencio.  Algo imposible que sin embargo un día ocurrió.
En un momento estaba haciendo los ejercicios de matemáticas sobre la alfombra y al siguiente estaba en la bañera, el corazón latiéndole a mil por hora y con un dolor de cabeza espantoso. Sus padres seguían discutiendo, ajenos a su desaparición y nunca supieron lo que había ocurrido.

Al principio no siempre funcionaba, a veces por mucho que lo deseaba no ocurría nada y debía aguantar los gritos de sus padres durante largos minutos hasta que su madre cruzaba la cocina con los platos humeantes. Y cuando lograba teletransportarse no siempre lo hacía dónde quería, a veces acababa en el baño, otras en su habitación e incluso una vez lo hizo en el portal. Tuvo que subir en el ascensor en pijama y cuando llamó a la puerta y sus padres le encontraron al otro lado tuvo que inventarse una escusa horriblemente mala que creyeron a pies juntillas gracias a que sus mentes estaban más pendientes de la reciente  discusión  que de su hijo.
Sus padres acabaron por divorciarse y fue entonces que descubrió que su extraño poder sólo ocurría cuando quería huir de una discusión. Era frustrante, tener aquella habilidad y no poder usarla cuando quisiera, pero a la vez le calmaba, así no parecía tan apabullante, no le obligaba a pensar en la responsabilidad de aquel gran poder.
Como sus padres no se percataban de sus súbitas desapariciones nunca supo qué ocurriría si desaparecía de alguien con quien estuviera discutiendo directamente hasta su segunda novia. Tenía dieciséis años y la chica era muy divertida, mona y siempre quería tener la razón en todo. Era agotador y cuando se cansó de ceder ante las rebuscadas explicaciones que inventaba la chica decidió probar suerte. Estaban en un centro comercial y pensándolo bien quizá no era el mejor lugar para probar algo así, pero estaba tan cansado de aquella situación y deseaba con tantas fuerzas ir al baño que en un abrir y cerrar de ojos había pasado de la mesa del Burger a uno de los lavabos del centro. Resultó ser el incorrecto y por poco la mujer que se encontraba en esos momentos lavándose las manos no llama a seguridad, pero le sirvió para descubrir una de las facetas de sus poderes; si desaparecía mientras hablaba directamente con alguien aquella persona no se enteraba de nada, seguía hablando sola hasta calmarse o estar contenta con el resultado de aquella conversación imaginaria y una vez él volvía a hacer acto de presencia era como si nada hubiera ocurrido. Aquello le resultó maravilloso.

La adolescencia y el instituto le sirvieron para perfeccionar su extraña habilidad, su madre riñó y aleccionó a la pared más veces de las que se sentía cómodo de aceptar y las parejas a las que dejó sin quedarse a escuchar lo que tenían que decirle tampoco eran nada de lo que se sintiera orgullosos, pero discutir le aterraba tanto que siempre acababa cediendo. Cuando se sentía culpable se decía que de esta manera dejaba que la otra persona se desahogara sin graves consecuencias y que el día que conociera a la chica o chico de sus sueños entonces se quedaría porque querría saber realmente lo que la otra persona opinaba de él, se quedaría porque no sería una discusión, sería una conversación civilizada y se quedaría porque confiaba en que sus poderes no le dejarían ser un cobarde.

*

Sí, odio las discusiones. No huyo exactamente de ellas, pero sí las evito todo lo que puedo…. ^^’

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