31 Reto Escritura – Estado de emergencia

Semana 31: Imagina que eres incapaz de salir de un piso durante una semana. Cuenta cronológicamente cada día y por qué no puedes salir.

 

Día 1.

Tal y como anunciaron ayer las noticias, han empezado las lluvias y se ha declarado el estado de emergencia en toda la ciudad. Nadie puede salir de sus casas hasta que se dé el aviso.  Me parece bien, así puedo ponerme al día con todo el trabajo acumulado que tengo. Lavaré la ropa, limpiaré el piso y escribiré todos los artículos que me tocan para el mes que viene, si me pongo las pilas me quedará tiempo libre para pedirme unas vacaciones.

Día 2.

Las lluvias continúan y de todo lo que quería hacer ayer sólo logré cumplir una pequeña parte. Mientras la lavadora funcionaba me dije que no podía concentrarme en escribir, por lo que me puse a jugar al nuevo “Exploración Mortal”, las explosiones y gritos se mezclaban con los temblores de la máquina y todo parecía mucho más real. Luego de comer me vino el bajón y decidí echarme una siesta, hacía meses que no lo hacía. El resto del día no fue demasiado mejor, las gotas de agua y ácido, de un color gris verduzco pegaban contra la ventana y creo que estuve más de media hora en la cama viéndolas caer antes de obligarme a coger la tablet y ponerme a escribir. Obviamente de todas las palabras que tenía planeadas escribir logré sólo la mitad.

Día 3.

Hoy mi acto productivo y representante de mi estatus como adulto ha sido pedir la comida.  Sé que cuanto más tarde más trabajo tendrá el servicio de transporte y más números tendré de que se hayan agotado mis preferencias alimenticias. El pedido ha llegado a media tarde, con algo más de una hora de retraso, pero no he querido presentar ninguna queja, como digo es lo normal en épocas de lluvia.
Recuerdo cuando era pequeño y aun se podía salir durante las tormentas, la gente hacía casi vida normal y los únicos túneles subterráneos que había eran para el metro. Ahora casi toda la vida se hace bajo la superficie. Cuando no llueve agua ácida hace demasiado calor o sopla un viento de mil demonios.
Podría ir al centro comercial y ver una película pero seguro que todo el mundo ha tenido la misma idea y va a estar a rebosar. Mejor me quedo y escribo, como llevo diciendo los últimos días, o puedo ponerme al día de la última temporada de “Doctores en la Casa Blanca”.

Día 4.

Las noticias han anunciado ya el primer muerto, un loco que decidió salir al exterior sin ningún tipo de protección. A veces le entiendo, sentir el sol ardiente o el aire frío en la piel es mejor que respirar este oxígeno reciclado y pasear entre centenares de personas desconocidas. No sé porqué esta semana se me está haciendo más dura que las anteriores. ¿Será porqué no tengo ganas de trabajar? Cada vez que me siento a escribir noto como si mis manos pesaran 10 kilos y me resulta casi imposible alzarlas y moverlas por el teclado. Pero he de hacerlo, y hoy acabaré dos artículos como mínimo.
En las noticias también han dicho que probablemente la tormenta acabe en un par de días o así. claro que luego queda el tiempo de descontaminación atmosférica. Aunque no llueva no quiere decir que puedas salir, el aire sigue contaminado del ácido del agua al evaporarse. Todo una mierda, sí. Este es el mundo que nos dejaron.

Día 5.

Hoy estoy más animado. Ayer no me fui a la cama hasta acabar los dos artículos que me había propuesto y hoy haré lo mismo. Ya apenas llueve y en las noticias han dicho que seguramente esta noche pare por completo. Eso quiere decir que en poco más de 48 horas podré salir a respirar aire de verdad. Ya nadie usa la expresión aire puro, no tiene nada de eso, pero al menos es mejor que el de estos días. Puede que aproveche y vaya a comprar, siempre me ha gustado hacerlo por mí mismo, en internet nunca calculo bien las cantidades y entonces sucede como ahora, que antes de lo pensado ya me estoy quedando sin. También puedo aprovechar para quitarme ese par de quilos de los que todo el mundo habla, o para ponerme con el yoga. ¡No! Tengo que escribir.

Día 6.

Ya no llueve. Algunos inconscientes han salido ya fuera, con máscaras de aire y ropa protectora, claro. Eso no les asegura que no les vaya a suceder nada, pero siempre hay quien está dispuesto a desafiar a la madre contaminación con tal de salir en las noticias o simplemente desafiar al orden. No han anunciado más muertos, así que supongo que estarán bien.
Ayer logré escribir más de lo que esperaba, así que puede que hoy me vuelva a poner con los videojuegos. ¿Qué más da si no puedo acabar todo lo que me proponía? No tengo dinero para irme de vacaciones, no sé a quien quería engañar con eso.

Día 7.

En las noticias ya han anunciado que es seguro salir al exterior, por lo que hoy va a escribir mi tía la de Mallorca. He dormido hasta tarde y desayunado el poco subcafé que me quedaba. Estoy esperando a que llegue el mediodía para evitar a todos aquellos que hayan querido salir a primera hora, si voy a estar en el exterior no quiero sentirme como si estuviera en el centro comercial. Tengo listo mi chubasquero y he escrito en mi móvil una extensa lista de la compra. Los próximos días puede que luzca el sol y el cielo esté impecable, pero tendré que seguir metido en casa si quiero cumplir con todas las fechas de entrega.
Me ducho, me visto, me miro al espejo para asegurarme que tras tantos días de confinamiento estoy presentable para el público y abro la puerta de mi piso. Bajo las pocas escaleras que me separan de la calle y abro la puerta principal.
El aire fresco de después de la tormenta me da de lleno y respiro hondo. El toque a dióxido de carbono y gases varios de pica en la garganta pero no toso. El cielo brilla de un naranja claro y apenas hay nubes en él. La arena bajo mis pies cruje a cada paso y las sombras de aquellos que como yo han salido al exterior se extienden más allá de las primeras dunas. Veo niños pequeños, que nunca han conocido otra cosa que el desierto y siento algo de pena y nostalgia. Apenas se encuentran árboles y vegetación hoy en día en la tierra y sólo los más ricos pueden vivir allí. Los demás nos quedamos en nuestras cuevas subterráneas, como topos, esperando a que algún día las máquinas depuradoras logren devolver a la Tierra su esplendor de antaño.

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