36 & 37 Retos Escritura – Bebé

¡Segunda entrada doble! Microrrelatos tematizados 😀

Semana 36: Escribe un relato sobre un trayecto o travesía. Céntrate en los cambios de escenarios.

El tren entra en un túnel y el cristal pasa a ser espejo. Por unos segundos te ves a ti mismo; mejillas rojas y ojos brillantes. No puedes creerlo, por fin ha llegado el día.
El negro da paso al verde, marrón y naranja. Un gran bosque se extiende ahora ante tus ojos; una carretera lo atraviesa y a lo lejos distingues un pueblecito. Has hecho ese recorrido decenas de veces y nunca te has fijado en lo alto que resulta el campanario de la iglesia.
El bosque se va aclarando, el tren disminuye su velocidad y da paso a una estación. No hay nadie esperando y nadie se baja. ¿Por qué ha parado? Hay gente que tiene prisa.
El tren se pone en marcha una vez más. El traqueteo acompaña tu pierna inquieta, a la energía contenida, que quiere salir, explotar en tus pulmones. El vagón a la izquierda y cruza una carretera atestada de coches.
Has hecho bien de no coger el coche, te dices, hubieras tardado el triple. Claro que el tren tampoco es de lo más veloz.

Vislumbras los polígonos grises que señalan la frontera con la ciudad y sientes un cosquilleo en las plantas de los pies. Te levantas, el tren para una vez más y debes apartarte para dejar paso a quienes bajan y suben. Te quedas frente a la puerta; dos paradas más.
Los gigantescos almacenes  y coloridos contenedores van dejando paso poco a poco a los edificios, las calles y los transeúntes. El tren desciende bajo tierra y todo vuelve a oscurecerse. Respiras hondo, coges el móvil del bolsillo, ningún mensaje. La estación aparece tras la puerta, todo gris y luz naranja, te apartas y esperas a que el tren reprenda la marcha.
Esperar. Cuando llegues al hospital ¿cuánto tendrás que esperar? Oscuridad una vez más. La tensión y los nervios dan paso al miedo. ¿Irá todo bien? ¿Y si hay complicaciones? El llanto de un bebé unos asientos a tu derecha te provoca un mini infarto. ¿Es eso una buena señal? Llegáis a la estación, lo ves por el rabillo del ojo, pero estás demasiado pendiente del bebé y de su madre que lo acuna y le susurra para que se calme. En las clases de preparación al parte no te avisaron de esto, de los nervios y las dudas. El pitido que avisa del cierre de las puertas te saca de tu ensoñación y logras bajar al andén por los pelos. Solo faltaría que en los minutos de más que tardarías en retornar tu mujer diera a luz.

Semana 37: Escribe una historia con los siguientes elementos: orejas, bufanda, sonajero y guirnalda.

Javi sale de casa, cierra la puerta con llave y se dirige hacia el ascensor sin apartar los ojos de la lista de la compra que Cristina le ha dejado en la nevera.

—Qué morro tiene —murmura para sí mismo—. Ella se va a pilates y yo tengo que ir a comprar toda la mierda de Navidad. ¡Guirnaldas! ¿de qué tipo? ¿de qué color? ¿cuántas? Hacer la lista es muy fácil pero luego…

La puerta del ascensor se abre y Javi entra, aprieta el botón del cero y mientras espera a que vuelva a cerrarse la puerta se mira al espejo. Le encanta la bufanda verde que se compró por le Black Friday, le resalta los ojos. De repente alguien se interpone entre la puerta del ascensor y el sensor y ésta vuelve a abrirse. Es el vecino nuevo.
—Buenas tardes —saluda.
—Buenas tardes —responde Javi con una sonrisa embobada— Soy Javi, el vecino del tercero segunda.
—Oh sí, claro. Encantado, yo soy Ramón.

Javi sigue sonriendo. ¡Por fin sabe cómo se llama! (Aún no hay nombre en el buzón, fue lo primero que miró). No puede creer que haya sido tan directo con él pero siempre le sucede que su cerebro se cortocircuita ante los hombres que le gustan, por eso extiende la mano para sellar el saludo y sentir cuán suave es su piel. Ramón saca su mano derecha del bolsillo y de él cae un sonajero. Javi se agacha para recogerlo, confuso, y las puertas del ascensor se abren una vez más. Han llegado a su destino.
—Ui, gracias —dice Ramón. Las mejillas y las puntas de las orejas se le han enrojecido y está súper mono— Es de mi hijo, he tenido venir a buscarlo porqué no había manera de calmarle.
—Ah, claro —dice elocuentemente Javi. Abre la puerta del portal y deja pasar a Ramón. Allí está la mujer con el cochecito y el bebé. El chico se despide y empieza a andar por la calle helada de camino al chino.
¿Por qué siempre se enamora de imposibles?

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