Retos 40 & 41 – To boldly go

¡11 Relatos! Ya casi lo consigo >___<

Semana 40: Abre el primer libro que veas por la página 23. Escoge la tercera frase de la página y úsala como la primera oración de tu relato.

In Adam’s limited experience, there were only a few things that could make that happen.

The Raven King. Maggie Stiefvater.

En la limitada experiencia de Adam, sólo un par de cosas pueden causar tales efectos. Y ninguna de ellas agradable.
—¿Vas a decirme ya qué me ocurre? —pregunta el capitán, perlas de sudor le recorren la frente. Un nuevo espasmo de dolor le obliga a cerrar los ojos y se le escapa un gruñido lastimero.
—Bueno, Julian, teniendo en cuenta lo poco que conocemos del planeta —dice Adam lentamente. Es para que  su amigo lo entienda y para que él mismo pueda escoger las palabras adecuadas, nada de lo que va a decir a continuación suena demasiado placentero—. Puede que algo de la cena de ayer con el jefe de la tribu te haya sentado mal, puede que hayas pillado la enfermedad chunga esa de la que me habló la princesa, o puede ser que estés embarazado.
Esto último lo dice más rápido y sin mirar a su amigo y capitán. La enfermería está desierta, todas las camas pulcramente hechas y las sábanas blancas y relucientes. El silencio es agobiante durante dos largos segundos.
—¡¿Qué estoy qué?! —grita el capitán.
—He dicho que puedes estar embarazado. Pero aun tengo que hacerte algunas pruebas y hablar con los nativos y-
—¡Pero si desde que me subí a esta nave que no he hecho nada!
—Estamos en el espacio, hay muchas cosas que no entendemos.
—Adam, por el amor de la Galaxia, hazme las pruebas que tengas que hacerme y cállate. No estoy como para tener un crío.
Adam es incapaz de reprimir una risita que por suerte queda disimulada por un nuevo ataque de gruñidos y quejidos de dolor.

Adam manda a su enfermera que haga un seguido de pruebas al capitán y mientras él baja al planeta recién hermandado para hablar con el jefe y su hija, la princesa Illiannzah sobre lo sucedido.
Cuando los resultados vuelven del pequeño laboratorio de abordo el doctor suspira tranquilo. Avisa a cocinas y coge del armario una caja de calmantes.
—¿Has pensado ya algún nombre para tu bebé? —pregunta. Es incapaz de reprimir la broma. Sólo por la cara de Julian vale la pena el castigo que éste pueda imponerle.
—¡No me digas eso!
—Era broma. Sólo es una indigestión. La mejor de las tres opciones ¿no? —Julian asiente. Está pálido y se le marcan las ojeras mucho más de lo normal—. De momento puedes tomarte esto, es un calmante para el dolor.
Adam le acerca un vaso con agua y la pastilla.
—¿Por qué no me lo has dado antes? —le recrimina el capitán antes de beber el agua y tragar la pastilla con ansias.
—Porque podía ser contraproducente. Ahora subirán de cocinas un poco de sopa. Me ha dicho el jefe que lo que necesitas son muchos líquidos, estar en un ambiente cálido y descanso.
—¿Sólo eso?
—Eso parece. Por lo que el jefe ha podido deducir eres la primera persona alérgica a su fruta más preciada. Es una pena, ha dicho, eso te descarta definitivamente para que contraigas nupcias con su hija.

 Semana 41: Escribe un relato sobre un personaje que tenga mucha fuerza de voluntad.

 

Algunos lo llaman tozudez, otros fuerza de voluntad. Ver sólo un punto fijo en el horizonte y avanzar hacia él cueste lo que cueste. Así me gustaría ser, como ella.
La veo en televisión, con esa sonrisa tan brillante y ese vestido tan bonito y me acuerdo de cuando íbamos a clase juntas.
Siempre quiso ser actriz, y se le daba bien. Iba a clases de teatro, a la academia de inglés y a canto. Eso último no se le daba tan bien. Pero ella continuó, sabía que era necesario para su voz, que le abriría muchas más puertas. Incluso cuando estábamos en época de exámenes no se saltaba nunca ni una de esas clases. Sacaba buenas notas, era algo torpe pero siempre tenía algo bonito que decirte. Me alegro de que le haya ido tan bien.
Fui a ver su primera obra de teatro importante. Teníamos dieciocho años y su papel era el de la hermana de la protagonista. Lo bordó. Después, al hablar con ella a la salida, me dijo que estaba enferma, a 38 de fiebre, pero que no podía desaprovechar aquella oportunidad. Yo la admiraba tanto. Mi vida hasta ese momento había sido simplemente dejarme llevar por la corriente, estudiar, aprobar y entrar en la universidad.
Dos meses después entró en la mejor academia de interpretación y poco a poco fuimos perdiendo el contacto. A veces hablábamos por Messenger o por Facebook y yo veía cómo seguía esforzándose, dándolo todo de sí misma, con una sonrisa y la mirada fija en la gran pantalla.
Recuerdo la primera vez que vi su nombre en el cine, en los créditos de una comedia coral un poco sosa pero con algunos diálogos muy buenos. Sentí una extraña mezcla de alegría, orgullo, envidia y autodesprecio. ¿Qué estaba haciendo yo con mi vida?
Y ahora aquí está, en la tele, nominada a los Goya como mejor actriz revelación. Y una pequeña lágrima cae por mi mejilla y me pregunto dónde estaría yo si hubiera luchado tanto como ella por mis propios sueños.

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