Relato 1 | Feliz año nuevo

¡Buenas!

Como ya sabréis el año pasado realicé el reto de escribir 52 relatos (uno por semana, más o menos….) que proponían los chicos de El libro del escritor, este año 2017 me vuelvo a sumar a tan fantástica idea pero pasando a escribir uno al mes. Además, como los reyes me trajeron Los Rory’s Story Cubes, he decidio que escribiré los retos según lo que me salga de los dados, por lo que después del relato añadiré la foto para que podáis ver de dónde ha salido cada historia ^^

Si queréis leer los relatos del año pasado podéis hacerlo aquí.
Para empezar con los de este año… ¡adelante!

1r Relato: Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.

Jonás maldijo en voz baja y se vio obligado a quitarse los guantes.
No sólo tenía que ir al trabajo en día de año nuevo a buscar unos papeles si no que ahora le ocurría esto. Maravilloso presagio de cómo iba a ir el año.

Era una tarde fría y gris que había dejado las calles desangeladas. Los coches y los autobuses se sucedían uno detrás de otro, con sus pasajeros calentitos y cómodos en su interior, pero apenas un puñado de gente podía verse por la calle.
Jonás volvió a maldecir, esta vez sin preocuparse quién pudiera escucharle. El jodido candado de la bicicleta se negaba a abrirse y le tenía de cuclillas en medio de la calle, exasperado y deseando irse a casa. Maldijo de nuevo, en voz alta, desahogando su frustración y volvió a intentarlo una vez más antes de darle una patada a la vieja bicicleta y dejara allí para que alguien la robara, o no ¿quién iba a querer ese cúmulo de chatarra?
—¡Gracias! ¡Por fin, joder! —exclamó al notar que la llave giraba y ver al candado abrirse. Una risita a sus espalda le obligó a darse la vuelta.
Cuando vio quién era se sintió transportado al infierno del calor que empezó a subir por sus mejillas y el sudor que se instaló en las palmas de sus manos. Hacía semanas que no la veía.
—Parece que el hombre ha triunfado sobre la malvada bicicleta —Era la primera vez que Jonás escuchaba su voz. Era agradable, suave y la diversión fluía en ella en suaves olas—. Soy Carla, nos hemos visto con la bici.
—Sí, sí, lo sé. Soy Jonás.
El chico extendió la mano desnuda y cuando Carla se la estrechó sintió que debajo de los guantes de lana había una mano pequeña pero fuerte.
—¿Has venido a trabajar en un día como hoy? —preguntó al chica.
—No, sólo he tenido que venir a buscar unas facturas —explicó Jonás. Guardó la llave en el bolsillo del abrigo—. ¿Y tú?
—Tenía que acabar un proyecto, así que vine a pasar unas horas en la oficina.
Jonás asintió y sin saber qué más decir volvió a ponerse el guante y poco a poco sintió que sus dedos volvían a la vida.
El aire se había vuelto a levantar y mechones de cabello pelirrojo danzaban enfrente de la cara pecosa de Carla. Jonás se metió ambas manos en los bolsillos para evitar estirar un brazo y apartárselos de cara, avanzar y observar por primera vez de cerca esos ojos verdes que buscaba cada mañana de camino al trabajo.
—¿Dónde trabajas? —preguntó ella al fin.
—Aquí en frente, en un despacho contable. ¿Y tú?
—Una calle más arriba. En un despacho de arquitectos.
—Vaya, qué guay —dijo Jonás. Y acto seguido sintió unas enormes ganas de darse en la cabeza con el candado de la bicicleta, qué respuesta más estúpida. Carla sonrió y se encogió de hombros.
Había sido consciente de su existencia una mañana meses atrás, cuando el tiempo aún era agradable y el sol brillaba durante horas. Jonás sufría por llegar puntual al trabajo, arrastrando como cada día el vejestorio de su bicicleta, pedalada a pedalada, cuando se vio adelantado por una nariz respingona avanzando a la velocidad del rayo seguida de una melena pelirroja. Dos días después habían coincidido en un semáforo; la chica le había visto, le había sonreído y Jonás sintió que se enamoraba perdidamente. Desde entonces la había buscado cada día, primero con su chaqueta de cuero negro y luego con el abrigo amarillo con capucha que vestía ahora, y siempre que habían coincidido en algún cruce o espera se habían sonreído, incluso alguna vez ella había hecho sonar su timbre al adelantarle, siempre recta y veloz como una flecha.
—¿Tienes frío?¿Quieres ir a tomar un café?
—Claro, por supuesto. Al café, claro. —balbuceó Jonás. ¿Cómo podía haber preguntado eso con tanta calma? ¿Era una cita? ¿El inicio de una? ¿Sólo su imaginación jugando con él? Quizá se había desmayado a los pies de la bicicleta por el frío y todo esto eran alucinaciones…
—Conozco un sitio muy chulo a la vuelta de la esquina donde podrás guardar la bicicleta dentro —dijo ella con una sonrisa.
—Gracias. ¿Tú no has venido en bici hoy? —preguntó Jonás mientras guardaba el candado en la mochila. Sacó la bicicleta de su sitio y empezó a andar siguiendo a Carla.
—No, con este frío hoy he cogido el autobús.
—Bien hecho —dijo Jonás sin pensar y al ver la mirada divertida de Carla clavó los ojos en el suelo y añadió—: Mi combinación es tan mala que o vengo en bici o llego demasiado pronto o demasiado tarde.
—Entonces te vendrá bien tomar algo caliente antes de volver a casa.
—Seguro que sí.

Jonás llegó a su pequeño apartamento sin apenas haber registrado el frío polar que hacía en el exterior a esas horas. El recuerdo de la sonrisa de Carla, sus ojos verdes y el movimiento circular que hacía con las muñecas al ponerse el pelo detrás de las orejas le habían tenido muy ocupado. Esperaba que a la mañana siguiente aun conservaran su fuerza, si no tendría que recargar las pilas cuando volvieran a verse el sábado. Ese sí era un maravilloso presagio de cómo podía ir el año.

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¿Qué os dicen estas imágenes a vosotros?
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4 comentarios sobre “Relato 1 | Feliz año nuevo

  1. Podrias haver fet un relat de tortugues guerreres que llancen llamps pels ulls i t’has quedat en lo convencional u.u xDDDDDD

    Po t’ha quedat un relat mono, eso que nos llevamos ù.ú XDDDDD

    PD: “se sí era un maravilloso presagio de cómo podía ir el año.” Falta una lletra! 😛

    Le gusta a 1 persona

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