Adopta Una Autora | Reseña de A Conjuring of Light, V.E. Schwab

¡Buenas!

Por fin llega la segunda entrada para Adopta una AutoraAdopta una Autora y como no, tenía que ser sobre el recién publicado A Conjuring of Light, tercer y último libro de la saga Shades of Magic, de mi adoptada Victoria Schwab.

Por si aún no sabéis de qué va la serie aquí podéis leer la reseña de A Darker Shades of Magic primer libro y aquí mis opiniones de A Gathering of Shadows, segundo libro.

Autora: Victoria E. Schwab
Año de publicación: inglés: 2017
Páginas: 666
Género: fantasía
Puntuación:reseña A Conjuring of Light Victoria Schwab reseña leo autoras
Resumen: El equilibrio entre los diferentes Londres se ve amenazado por una magia oscura y peligrosa que obligará a Kell, Lila y a todo el imperio de Arnes a luchar para conseguir restablecer la paz.

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Reto lector: febrero

reto lector febrero, Momo de michael ende y A court of mist and fury de sarah j maas

¡Buenas!

Las dos últimas semanas han sido muy intensas y llenas de trabajo por lo que, aunque hacía unos días que había acabado mis lecturas de febrero, la entrada del reto lector ha tenido que pasar del primer lunes de mes al primer martes… Eso sí, los dos días menos de febrero se notan a la hora de leer, ¿eh?
Por si alguien no sabe de qué estoy hablando, podéis encontrar este reto lector 2017 en la página de LiterUp (antes El libro del escritor) y si vosotros también participáis ¡no dudéis en dejar un comentario con vuestras lecturas escogidas!

¿Qué tocaba leer en febrero?

  • Un libro que cuente entre sus páginas con un triángulo amoroso. Y qué mejor ocasión que esta para seguir con las aventuras de Feyre, Tamlin y Rhysand y leer A Court of Mist and Fury, de Sarah J. Maas.
  • Un libro que tenga una sola palabra en el título. Por lo que he decidido volver a mi infancia y leer Momo, de Michael Ende.

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Relato 2 | Las ciudades de los muertos

¡Hola!

Hoy os presento el segundo reto mensual 2017 que han preparado los chicos del El libro del escritor. Como ya ocurrió en el reto de enero, para la trama he usado los dados Rory’s Story Cubes y podréis ver el resultado de la tirada que inspiró el relato al final ^^

Como el reto es para 52 relatos y yo, después del año pasado, me he puesto el objetivo de escribir 12, voy saltando, más o menos, de 4 en 4 y escojo el que más me llama la atención.

Relato 2: Usa la frase: “En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos” para hacer una composición creativa.

En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos.
Una vez al año Joffrey subía la pequeña colina frente a ellas y pagaba sus respetos. Si no hubiera sido por sus habitantes él no estaría allí, su familia probablemente tampoco. Las vistas y el ambiente, frío, gris e imperturbable, siempre se cerraban entorno a su corazón, le recordaban lo que había aprendido en el colegio y le hacían sentir ganas de llorar. A veces lo hacía, otras no. Una gota cayó del cielo y dio de lleno en su frente. Otras la acompañaron y el chico se refugió bajo uno de los altos pinos que habían sobrevivido la violencia de la zona, su corteza plagada de cicatrices y, seguro, recuerdos horribles. A los pocos segundos dejó de llover y Joffrey pensó que sería el momento perfecto para volver a casa, no quería que una posible tormenta le pillara aún en la colina.
El aleteo de un pájaro le asustó y seguido de él escuchó el crujir de una rama y el murmurar de una voz grave. El corazón empezó a latirle con fuerza, ¿quién podía ser? Nunca se había topado con nadie en sus visitas, no en diez años. Muchos opinaban como él en el pueblo, pero cada uno tenía su modo propio y particular de honrar al pasado.
De entre los árboles surgió la figura de un chico joven, no más de quince o dieciséis años. Piel morena, cabello oscuro y ojos verdes. El corazón de Joffrey, acelerado por la anticipación, paró súbitamente de miedo y el chico sintió que les flaqueaban las piernas. ¿Qué hacía él allí? Joffrey se obligó a respirar hondo, a calmarse y recordar que, gracias a los que yacían en camas de mármol a su espalda, vivía en tiempos de paz.

El recién llegado se percató también de su presencia y sus facciones se endurecieron al verse acompañado. Los chicos se observaron fijamente, atentos a cualquier signo de hostilidad. Pasados los minutos Joffrey exhaló sonoramente y saludó al desconocido.
—Buenas tardes —dijo con voz ronca y sintiendo como poco a poco sus músculos iban destensándose.
—Buenas tardes —respondió el chico de ojos verdes, sus ojos por fin desviándose de la figura de Joffrey —. ¿No habrás visto un gran perro gris, verdad? —preguntó el recién llegado, su mirada ahora centrada en los bajos edificios más allá de la colina.
—No, lo siento.
—Mierda. Dije a mis padres que solo iba a dar una vuelta pero Aja se escapó mientras estaba meando y ahora llegaré tarde a cenar y mis padres se enterarán de que he cruzado y el castigo será monumental.
Joffrey cerró la boca, tragó saliva y pestañeó rápidamente para que la sorpresa no se reflejara de un modo tan obvio en sus facciones. No es que nunca hubiera escuchado a alguien del otro lado hablar, es que los mercaderes e incluso su profesor se esforzaban por neutralizar su marcado acento y esa manera tan natural de expresarse, que no tenían en cuenta las sensibilidades de su público.
—Lo siento, no he visto a ningún perro —repitió Joffrey para dejar de parecer un pasmarote.
—En realidad es una hembra —aclaró el otro chico—. Muy grande, blanca y cariñosa.
Joffrey miró a un  lado y a otro de la colina y una idea se le apareció en la mente, descabellada y ligeramente peligrosa.
—¿Quieres que te ayude a encontrarla? —se ofreció—. Me llamo Joffrey.

Si después de tantos años acudiendo a la colina a visitar las ciudades de los muertos había encontrado a alguien en su camino, y no un chico cualquiera, un chico del otro lado, eso tenía que significar algo ¿cierto? Le ayudaría y un pequeño gesto más de bondad entre los dos pueblos sería colocado junto a la inmensa montaña de mal, terror, violencia y sufrimiento del pasado. Y quizá algún día, dentro de muchos años, cuando el bien superase al mal, la montaña del primero se tambalearía y caería sobre la del segundo para enterrarla y sólo dejar ver pequeños destellos oscuros que sirvieran de recuerdo y aviso.

—¿De verdad? —el chico parecía genuinamente sorprendido y a la vez agradecido. Joffrey le devolvió la sonrisa y asintió—. Yo soy Mateo, encantado.
El chico, Mateo, se acercó, le abrazó y le dio un beso en la mejilla izquierda. El contacto abrumó a Joffrey y la sorpresa se apodera de su cuerpo, impidiéndole apartarse de un empujón, sobresaltado. Aún y así Mateo sintió la incomodidad en su nuevo amigo y al apartarse un rubor furibundo teñía su cara.
—Perdón, lo siento. Eres la primera persona del otro lado que conozco.
—¿No tenéis a nadie de Kostera en Montealto? —preguntó sorprendido Joffrey.
—¡Sí! Claro que sí, pero esos no cuentan —respondió Mateo, un aire despreocupado de nuevo en sus gestos—. Ellos están acostumbrados, puede que no les guste pero lo aceptan sin sorpresas.
—Lo siento, no lo esperaba —se disculpó Joffrey.
—No pasa nada, es normal. Nuestros pueblos no son demasiado cercanos que digamos— La sonrisa blanca y brillante del chico desapareció por unos segundos, sus ojos verdes fijos en el inmenso cementerio dividido en dos. Las ciudades de los muertos, división entre pueblos que antaño vivieron siglos enfrentados.
—¿Aja, has dicho que se llamaba? —preguntó Joffrey. Mateo retornó su mirada hacia él, asintió y la sonrisa volvió a su rostro.

Bajaron la colina gritando el nombre del animal, mirando detrás de cada roca y de cada gran árbol, pero sin éxito. Al llegar al cruce que indicaba el camino hacia Kostera, Montealto o Las ciudades de los muertos empezó a llover de nuevo y oyeron, a lo lejos, el ladrido de un perro. Corrieron hacia el oeste, las finas gotas de agua empapando su cabello y su ropa y las ramas y hojas secas crujiendo bajo sus pies.
Aja les esperaba, tranquila e impávida ante la lluvia, en la entrada al cementerio que albergaba todas las familias de Montealto muertas durante la guerra. Mateo abrazó al animal, lo acarició y besó con cariño antes de reprenderle por haberse escapado.
—Muchas gracias por ayudarme —le agradeció luego el chico.
—No he hecho nada.
—Podrías haber decidido no ayudarme —Joffrey sintió que enrojecía y se encogió de hombros.
—Ha sido una tarde diferente. Espero que tus padres no te castiguen.
—Bueno, me caerá una bronca bastante gorda por llegar tarde y mojado, pero nada más.
—Entonces mejor nos despedimos —dijo Joffrey con una sonrisa. El buen ánimo de Mateo es realmente contagioso.
—Espero que nos veamos pronto —respondió este. Su cuerpo se inclinó hacia delante y súbitamente volvió hacia atrás. Joffrey le miró sorprendido durante un milisegundo y luego lo entendió, el chico iba a abrazarle de nuevo.
—Puedes abrazarme si quieres —respondió sintiendo que enrojecía de nuevo—, ambos estamos empapados.
Mateo le abrazó, su cuerpo delgado y fuerte desprendía calor pese al ambiente fresco del anochecer.
—De nuevo gracias por todo.
—A ti.

Ambos chicos emprendieron su camino a casa por senderos opuestos, ambos sonreían, ambos estaban tranquilos. Dejó de llover y las nubes dejaron paso a las brillantes estrellas. Los muertos, a sus espaldas, descansaban.

*

¿Qué os ha parecido?

relato-storys

Adaptaciones | Una serie de catastróficas desdichas de Netflix

adaptación de una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket y Netflix

¡Buenas!

Koalas Lectores nació hace un año con dos propósitos clave: seguir recomendando libros y obligarme a escribir. Durante los últimos meses de 2016 empecé a querer expandir un poco la temática de las publicaciones, si bien continuando con la literatura y la escritura como núcleo central, y de allí salió mi post sobre el NaNoWriMo, la única publicación que tuve tiempo de hacer. No sé si este año tendré mucho más tiempo, pero de momento quiero intentarlo y como los retos de escritura de este año son mensuales en vez de semanales creo que sí podré ^^
Con todo esto quiero decir que hoy empezamos con el primer artículo, dedicado como no podía ser de otro modo a la adaptación que ha hecho Netflix de Una serie de catastróficas desdichas.

Si no habéis leído los libros no sufráis, no va a haber spoilers de nada que no salga en la serie , y aún así hay nada realmente importante sobre la trama.

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Reto lector: Enero

¡Buenas!

Hoy primer lunes de mes no os traigo solo una reseña si no dos. Son las correspondientes a mis lecturas de enero para el reto lector 2017 de El libro del Escritor. Este es un challenge para leer 2 libros al mes que sigan las guías de la web, algo con lo que puedas sentirte cómodo pero que también te permita expandir tus horizontes lectores, que siempre es bueno 😉
Es cierto que entre medio tendría que hablar de Las quince primeras vidas de Harry August de Claire North (pista: me gustó) e incluso de Seis de cuervos de Leigh Bardugo (pista: esperaré a leer la segunda parte para hacer una reseña global), pero si tengo que hacer las reseñasen orden cronológico va a llegar marzo y quizá no haya tenido tiempo…

¿Qué tocaba leer en enero?

Para empezar este desafío con fuerza lo hacemos con ganas, así que:

  • Para una lectura de ciencia ficción que te recuerde las tres leyes de la robótica he leído No tengo boca y debo gritar, de Harlan Ellison.

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Relato – La orquídea negra

¡Buenas!

Seguro que muchos conocéis ya la red social de El libro del Escritor y sus concursos. Durante 2015 fue Las primeras hojas y en 2016 Inventízate. Uno de mis propósitos de 2016 fue participar en como mínimo 6 de las 12 pruebas (pues empecé a participar en mayo) y lo logré con 7. Hubieran sido 8 si no fuera por que soy un desastre y, aún no sé muy bien cómo, no le di al botoncito de “sí, estoy segura de que quiero enviar mi relato” por lo que no pude participar en la prueba de noviembre. Y me da un poco de rabia por qué el relato me gustaba bastante, así que ahora que Inventízate ya ha acabado he decidido colgarlo en el blog tal cual lo hubiera enviado. De hecho me he tenido que refrenar de cambiar algunas cosas al releerlo….

Las restricciones de la prueba eran: El título debe ser La orquídea negra, el relato debe desmontar un cliché y el/la protagonista debe llevar consigo un libro.
Como siempre el máximo de palabras eran 500.

La orquídea negra

Ayer vino el Gran Mago al colegio. Todo el mundo había oído hablar de él pero nadie le había visto nunca. Lo poco que conocíamos nos había llegado a través de los viajeros que, con un poco de alcohol en las venas y muchas ganas de sentirse importantes, contaban increíbles aventuras de magia y dragones. Resultó ser un hombre mayor, vestido de gris y de larga barba blanca como cualquier otro.
Salimos al patio y los profesores nos colocaron por clases. El Gran Mago nos examinó uno a uno y finalmente paró frente a mí. Sin decir nada me agarró de la mano izquierda y el libro que había sacado de clase cayó al suelo. El mago alzó la manga de mi camisa y observó con atención la cicatriz que tengo en el antebrazo. Cuando empezó a acariciarla con sus dedos largos y pálidos sentí escalofríos. Hay quien dice que la cicatriz parece una flor, con su tallo y múltiples pétalos, pero para mí es sólo un cúmulo de zigzags oscuros que me recuerda al fuego en el que murieron mis padres. Tras segundos en silencio el Gran Mago se apartó de mí e hizo un gesto a la maestra. Ella se me acercó y devolviéndome el libro me dijo en un susurro que fuera con él.
El Gran Mago anduvo hasta el viejo olivo y cuando estuvo seguro de que éramos los únicos en todo el patio preguntó:
—¿Cómo te llamas, joven?
—Joseph —respondí.
—Hola Joseph, he venido a contarte algo muy importante. Supongo que conoces los problemas que hay en la ciudad por culpa del Mago Oscuro. Lo que quizá no sepas es que hace unos años surgió una profecía que anunciaba su derrota. Esa profecía anuncia al salvador como un joven nacido de las llamas, portador de una orquídea negra en el brazo y amplia luz en el corazón. He buscado a ese joven durante mucho tiempo y creo que por fin lo he encontrado. Eres tú, Joseph.
Me sentí aturdido. ¿Cómo iba yo a vencer al Mago Oscuro?
—Joseph, siento en ti un importante poder. Si vienes conmigo llegarás a ser la persona más importante del mundo, el chico que salvó el mundo.
—¡Es imposible! Yo no tengo magia, soy un chico como cualquier otro.
—Admiro tu humildad, pero si dejas que te muestre todo tu potencial…
Volvió a agarrarme de la muñeca y esta vez sí me zafé y azuzado por el miedo y las dudas empujé al hombre para que no volviera a acercárseme.
El Gran Mago dio un paso atrás, chocó contra una de las raíces del olivo y dio de cabeza contra el suelo. Jamás olvidaré ese sonido. Supe inmediatamente que estaba muerto y empecé a correr.

Llevo un día de camino, con mi libro como única compañía, y no sé qué va a ser de mí. Aunque el Gran Mago tuviera razón ya nadie me creerá, no después de esto.

*
¿Qué os parece? ¿Qué nota me hubierais puesto? :3

 

Reseña – Ready Player One de Ernest Cline

¡Buenas!

Empezaré esta reseña por decir que Ready Player One es el libro con más referencias frikis que he leído y que, seguramente, jamás leeré (creo que sólo estaría seguido de los 13 tomos de Una serie de catastróficas desdichas). Una vez dicho esto, empecemos:

Ready Player One

Autor: Ernest Cline
Año de publicación: inglés: 2011 | castellano: 2011
Leído en: castellano
Editorial: Nova /Ediciones B
Páginas: 459
Género: ciencia ficción
Puntuaciónrecomendaciones, libros, literatura, ciencia ficción, books, sci fi, ernest cline, ready player one, videojuegos,
Resumen: Wade Watts prefiere los videojuegos a la vida real, sobre todo porque si descubre el tesoro secreto que hay escondido en OASIS tendrá la vida solucionada. Como muchos, lleva años buscándolo, pero cuando finalmente descifra la primera pista Wade deja de ser un personaje más para ser el avatar más buscado del ciberespacio.

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Relato 1 | Feliz año nuevo

¡Buenas!

Como ya sabréis el año pasado realicé el reto de escribir 52 relatos (uno por semana, más o menos….) que proponían los chicos de El libro del escritor, este año 2017 me vuelvo a sumar a tan fantástica idea pero pasando a escribir uno al mes. Además, como los reyes me trajeron Los Rory’s Story Cubes, he decidio que escribiré los retos según lo que me salga de los dados, por lo que después del relato añadiré la foto para que podáis ver de dónde ha salido cada historia ^^

Si queréis leer los relatos del año pasado podéis hacerlo aquí.
Para empezar con los de este año… ¡adelante!

1r Relato: Escribe un relato que comience en un día de Año Nuevo.

Jonás maldijo en voz baja y se vio obligado a quitarse los guantes.
No sólo tenía que ir al trabajo en día de año nuevo a buscar unos papeles si no que ahora le ocurría esto. Maravilloso presagio de cómo iba a ir el año.

Era una tarde fría y gris que había dejado las calles desangeladas. Los coches y los autobuses se sucedían uno detrás de otro, con sus pasajeros calentitos y cómodos en su interior, pero apenas un puñado de gente podía verse por la calle.
Jonás volvió a maldecir, esta vez sin preocuparse quién pudiera escucharle. El jodido candado de la bicicleta se negaba a abrirse y le tenía de cuclillas en medio de la calle, exasperado y deseando irse a casa. Maldijo de nuevo, en voz alta, desahogando su frustración y volvió a intentarlo una vez más antes de darle una patada a la vieja bicicleta y dejara allí para que alguien la robara, o no ¿quién iba a querer ese cúmulo de chatarra?
—¡Gracias! ¡Por fin, joder! —exclamó al notar que la llave giraba y ver al candado abrirse. Una risita a sus espalda le obligó a darse la vuelta.
Cuando vio quién era se sintió transportado al infierno del calor que empezó a subir por sus mejillas y el sudor que se instaló en las palmas de sus manos. Hacía semanas que no la veía.
—Parece que el hombre ha triunfado sobre la malvada bicicleta —Era la primera vez que Jonás escuchaba su voz. Era agradable, suave y la diversión fluía en ella en suaves olas—. Soy Carla, nos hemos visto con la bici.
—Sí, sí, lo sé. Soy Jonás.
El chico extendió la mano desnuda y cuando Carla se la estrechó sintió que debajo de los guantes de lana había una mano pequeña pero fuerte.
—¿Has venido a trabajar en un día como hoy? —preguntó al chica.
—No, sólo he tenido que venir a buscar unas facturas —explicó Jonás. Guardó la llave en el bolsillo del abrigo—. ¿Y tú?
—Tenía que acabar un proyecto, así que vine a pasar unas horas en la oficina.
Jonás asintió y sin saber qué más decir volvió a ponerse el guante y poco a poco sintió que sus dedos volvían a la vida.
El aire se había vuelto a levantar y mechones de cabello pelirrojo danzaban enfrente de la cara pecosa de Carla. Jonás se metió ambas manos en los bolsillos para evitar estirar un brazo y apartárselos de cara, avanzar y observar por primera vez de cerca esos ojos verdes que buscaba cada mañana de camino al trabajo.
—¿Dónde trabajas? —preguntó ella al fin.
—Aquí en frente, en un despacho contable. ¿Y tú?
—Una calle más arriba. En un despacho de arquitectos.
—Vaya, qué guay —dijo Jonás. Y acto seguido sintió unas enormes ganas de darse en la cabeza con el candado de la bicicleta, qué respuesta más estúpida. Carla sonrió y se encogió de hombros.
Había sido consciente de su existencia una mañana meses atrás, cuando el tiempo aún era agradable y el sol brillaba durante horas. Jonás sufría por llegar puntual al trabajo, arrastrando como cada día el vejestorio de su bicicleta, pedalada a pedalada, cuando se vio adelantado por una nariz respingona avanzando a la velocidad del rayo seguida de una melena pelirroja. Dos días después habían coincidido en un semáforo; la chica le había visto, le había sonreído y Jonás sintió que se enamoraba perdidamente. Desde entonces la había buscado cada día, primero con su chaqueta de cuero negro y luego con el abrigo amarillo con capucha que vestía ahora, y siempre que habían coincidido en algún cruce o espera se habían sonreído, incluso alguna vez ella había hecho sonar su timbre al adelantarle, siempre recta y veloz como una flecha.
—¿Tienes frío?¿Quieres ir a tomar un café?
—Claro, por supuesto. Al café, claro. —balbuceó Jonás. ¿Cómo podía haber preguntado eso con tanta calma? ¿Era una cita? ¿El inicio de una? ¿Sólo su imaginación jugando con él? Quizá se había desmayado a los pies de la bicicleta por el frío y todo esto eran alucinaciones…
—Conozco un sitio muy chulo a la vuelta de la esquina donde podrás guardar la bicicleta dentro —dijo ella con una sonrisa.
—Gracias. ¿Tú no has venido en bici hoy? —preguntó Jonás mientras guardaba el candado en la mochila. Sacó la bicicleta de su sitio y empezó a andar siguiendo a Carla.
—No, con este frío hoy he cogido el autobús.
—Bien hecho —dijo Jonás sin pensar y al ver la mirada divertida de Carla clavó los ojos en el suelo y añadió—: Mi combinación es tan mala que o vengo en bici o llego demasiado pronto o demasiado tarde.
—Entonces te vendrá bien tomar algo caliente antes de volver a casa.
—Seguro que sí.

Jonás llegó a su pequeño apartamento sin apenas haber registrado el frío polar que hacía en el exterior a esas horas. El recuerdo de la sonrisa de Carla, sus ojos verdes y el movimiento circular que hacía con las muñecas al ponerse el pelo detrás de las orejas le habían tenido muy ocupado. Esperaba que a la mañana siguiente aun conservaran su fuerza, si no tendría que recargar las pilas cuando volvieran a verse el sábado. Ese sí era un maravilloso presagio de cómo podía ir el año.

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¿Qué os dicen estas imágenes a vosotros?

Reseña – The Sky Is Everywhere de Jandy Nelson

Seguimos con las últimas reseñas de los libros leídos en 2016. Hoy toca a El corazón está en cualquier lugar de Jandy Nelson, autora también de Te daría el mundo, un libro pre-cio-so que os recomiendo encarecidamentesi queréis inundaros en sentimientos, ai cómo lloré.

The Sky Is Everywhere

Autora: Jandy Nelson
Año de publicación: inglés: 2010 | castellano: 2010
Leído en: Inglés
Páginas: 288
Género: YA / Romance
Puntuación:opinión literaria, reseña literaria, reseña, reseña Jandy Nelson, leo autoras, #leoautorasoct, jandy nelson, romance, triángulo amoroso, contemporary, juvenil, YA, young adult
Resumen: Lennie y su hermana mayor Bailey han sido siempre inseparables hasta que Bailey muere de un ataque al corazón con tan sólo 19 años. Es entonces que Lennie tendrá que salir de la sombra de su hermana y enfrentarse a la vida como ella misma.

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