Reto lector junio | Quemando cromo & Amy’s and Roger Epic Detour

¡Buenas!

Volvemos a estar a primeros de mes y llegan las reseñas de las lecturas para el reto de junio. ¿Vosotros con qué lecturas habéis combatido este calor abrasador que hemos tenido?

¿Qué tocaba leer en junio?

  • Un libro que por alguna razón dejé a medias, cuyo “honor” fue para Quemando Cromo, de William Gibson.
  • Un libro de viajes, con el que descubrir lugares nuevos e inspirarte. Algo que hice con Amy’s & Roger Epic Detour, de Morgan Matson.

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Reto lector: Enero

¡Buenas!

Hoy primer lunes de mes no os traigo solo una reseña si no dos. Son las correspondientes a mis lecturas de enero para el reto lector 2017 de El libro del Escritor. Este es un challenge para leer 2 libros al mes que sigan las guías de la web, algo con lo que puedas sentirte cómodo pero que también te permita expandir tus horizontes lectores, que siempre es bueno 😉
Es cierto que entre medio tendría que hablar de Las quince primeras vidas de Harry August de Claire North (pista: me gustó) e incluso de Seis de cuervos de Leigh Bardugo (pista: esperaré a leer la segunda parte para hacer una reseña global), pero si tengo que hacer las reseñasen orden cronológico va a llegar marzo y quizá no haya tenido tiempo…

¿Qué tocaba leer en enero?

Para empezar este desafío con fuerza lo hacemos con ganas, así que:

  • Para una lectura de ciencia ficción que te recuerde las tres leyes de la robótica he leído No tengo boca y debo gritar, de Harlan Ellison.

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Reseña – Ready Player One de Ernest Cline

¡Buenas!

Empezaré esta reseña por decir que Ready Player One es el libro con más referencias frikis que he leído y que, seguramente, jamás leeré (creo que sólo estaría seguido de los 13 tomos de Una serie de catastróficas desdichas). Una vez dicho esto, empecemos:

Ready Player One

Autor: Ernest Cline
Año de publicación: inglés: 2011 | castellano: 2011
Leído en: castellano
Editorial: Nova /Ediciones B
Páginas: 459
Género: ciencia ficción
Puntuaciónrecomendaciones, libros, literatura, ciencia ficción, books, sci fi, ernest cline, ready player one, videojuegos,
Resumen: Wade Watts prefiere los videojuegos a la vida real, sobre todo porque si descubre el tesoro secreto que hay escondido en OASIS tendrá la vida solucionada. Como muchos, lleva años buscándolo, pero cuando finalmente descifra la primera pista Wade deja de ser un personaje más para ser el avatar más buscado del ciberespacio.

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Reto 48 & 49 & 50 – Momentos decisivos

¡Y ya sólo faltan dos!

Semana 48: Escribe un relato sobre un personaje que lleva más de una semana sin dormir.

Hace ocho días que no duermo.

¿Ocho? Sí, creo que sí.

192 horas despierto.
Y sin salir de esta apartamento. Esto no os lo había dicho ¿verdad?
Nunca había tenido problemas para dormir, pero hace ocho días me acosté y no pude dormir. Así de fácil y aterrador. Conté ovejas, me relajé, pensé en cosas agradables e imaginé que dormía y soñaba entre mullidas nubes. Nada funcionó. Pasaron las horas y lo único que podía hacer era dar vueltas en mi cama. Finalmente me levanté y me di una ducha caliente pero seguía tan despierto como si hubiera dormido ya mis ocho horas. Me puse a leer y vi amanecer. Saqué un par de fotos pero no quise colgarlas en internet, no quería que nadie supiera que tenía problemas para dormir.
Desayuné y pensé que quizá si hacía un poco de deporte lograría cansarme lo suficiente como para poder dormir esa noche. Preparé la mochila del gimnasio para llevármela al trabajo y cuando tenía el pomo de la puerta en la mano sonó mi móvil. Era mi supervisora. No tenía que ir a trabajar. Había problemas eléctricos en todo el edificio y nos habían dado una especie de vacaciones a todos. Se nos enviarían mails indicándonos lo que podíamos hacer desde casa.
Pensé en ir al gimnasio de todos modos pero sólo de pensar en bajar cinco pisos de escaleras se me quitaron las ganas. Me eché al sofá y pasé toda la mañana con la mente en blanco mientras programa basura tras programa basura pasaba frente a mis ojos. Así has sido mis días desde entonces. Hay algo en mi interior que no me deja dormir ni salir de casa, que me retiene en estos setenta metros cuadrados y me nubla la mente a la luz del sol. Cuando llega la noche contesto todos los mails del trabajo y preparo alguna presentación que se me ha pedido. Pero nunca duermo. Ayer tuve que pedir comida por internet; no lo había hecho nunca antes. Ha llegado esta mañana.  La reacción del repartidor al verme ha sido sorprendente, evitaba mirarme a la cara y ha estado temblando mientras comprobaba que no se habían olvidado nada. Cuando me he despedido de él ha dado un salto y ha dejado escapar un graznido. Me ha hecho gracia y a la vez me ha intrigado. Puede que no duerma ni salga de casa, pero no he olvidado mi higiene personal.

Después de guardar la carne en la nevera he ido al baño, curioso por encontrar qué ha podido provocar en el repartidor tal reacción. Voy bien peinado y afeitado, no me huele el aliento y mis uñas estás recién cortadas. No lo entiendo.

*

Juan se miró una vez más al espejo y se encogió de hombros. Estaba todo correcto. Excepto que no era así. en su frente habían empezado a nacer una pequeñas protuberancias negruzcas, sus dientes habían empezado a afilarse y su piel tenía un tono cenizo que enrojecía alrededor de las articulaciones.
lo que Juan no podía ver, además de su aspecto real, era el demonio que poco a poco dominaba su corazón, estrujándolo milímetro a milímetro para poder devorarlo una vez dejara de latir y quedarse con el alma que habitaba en él.

Hacía ocho días que Juan no dormía. Hacía ocho días que Juan había asesinado a su mujer.

 

Semana 49: Escribe un relato sobre una novia que tiene dudas antes de su boda. Describe la tarta y los invitados.

Carmen me ha enviado una foto de la tarta cuando me estaban peinando. Ha quedado preciosa. Tiene cuatro pisos de bizcocho red velvet y están cubiertos todos ellos de una buttercream blanca como el marfil. La decoración consiste en pequeñas perlas plateadas que crean cenefas en los niveles pares y mariposas moradas de pan de ángel en los impares. Suena extraño y puede no ser lo más corriente en una boda pero así era como la quería y así es como la he conseguido. Lo único que falta en ella son las figuritas de los novios que van arriba del todo. Tiene que traerlos Ricardo, los playmobil tuneados que serán a la vez su regalo.
Estoy guapísima. El vestido plateado es precioso, largo, estrecho y de amplio escote. Dani no podrá aguantar hasta la noche, estoy segura.
María ha llamado a primera hora de la mañana desde el camión. El ramo ha quedado precioso y las flores para los centros de mesa están listas. Todo parece un sueño.
Cuando llego al ayuntamiento veo las caras de asombro de mis padres y sonrío para mis adentros.
—¡Estás preciosa! —dice mi madre—. Toma el ramo.
—Dani te espera dentro —me informa mi padre.
María tenía razón, el ramo es también como lo había pedido. Una cascada de color que resalta ante la tela plateada de mi vestido.
Entramos en la sala del ayuntamiento y todos los invitados se levantan. Siento que enrojezco y mi sonrisa se ensancha. Allí está mi familia, mis amigos del instituto y de la universidad, Marcos… ¿Qué coño pinta él aquí? Mi cuerpo sigue avanzando hasta donde se encuentra Dani con su madre pero mi cerebro no procesa la música que acompaña mi entrada ni apenas reacciona ante el abrazo de mi madre al dirigirse hacia su sitio en primera fila. Sólo el apretón de manos de Dani logra que mi mente olvide unos ojos verdes por otros azules. Sonrío, le devuelvo el apretón y me obligo a mi misma a escuchar la ceremonia. Pero mi corazón late con fuerza y no precisamente de emoción. Ver a Marcos después de casi diez años ha sido como una apuñalada en el pecho. Reprimo las ganas de girarme y recuerdo que estaba sentado junto a Javier y Lurdes, ¿quiere decir eso que forma parte de la banda? ¿Mi primer amor va a ser el pianista de la banda que toque en mi boda? Eso es una jugarreta cruel del destino. O una señal. Nunca lo he dicho en voz alta pero Marcos fue mucho más que mi primer amor verdadero. Fue la única persona que no cayó ante mis encantos. Éramos amigos, nos llevábamos genial, pero nunca pasó nada entre nosotros y por eso siempre he tenido clavada la espinilla del “y si…” ¿Y si es él mi media naranja? ¿Y si nunca llego a sentir algo parecido por otra persona? Todos los sentimientos que he ido reprimiendo en los últimos años acaban de explotar ante mí y no sé si puedo evitar que manchen a alguien. Respiro hondo y por el rabillo del ojo veo que Dani me observa. Sonrío y veo que se tranquiliza. Tengo una decisión que tomar.

Imagino una balanza tras del juez de paz y coloco todo lo que siento por Dani en un lado, luego lo que he sentido por Marcos en el otro. Están bastante igualados. Añado los grandes momentos vividos con una y con el otro y obviamente gana Dani, resto los enfados y las discusiones y los platos vuelven a colocarse a una altura parecida. Nada de esto me ayuda. Son personas diferentes, sentimientos parecidos y situaciones opuestas. Marcos siempre será un inalcanzable, la representación de un sentimiento puro incorrupto por la realidad y no puedo basar mi futuro en un sueño infantil. El amor absoluto y puro existe, pero no está exento de sus malos momentos, sus situaciones difíciles que se encargan de hacerte crecer y evolucionar, de darte la perspectiva adecuada para disfrutar de lo que realmente vale la pena. Y quiero vivir todo ello con Dani.
—Sí quiero.

Semana 50: Escribe un relato sobre una fiesta, un grito y una mentira que cada vez crece más.

—Tía, ¿has oído lo que dicen del chico nuevo?
—¿De quién de Javi? —digo girándome. Miranda se sienta junto a mí en los escalones que dan al jardín y asiente.
—Aunque creo que prefiere que le llamen Jay, resulta que ha estado mucho tiempo en Estados Unidos y así le llamaban allí.

—Creía que había estado en el Canadá —respondo. Javi, o Jay, es de quién habla todo el mundo estos días. El chico nuevo del instituto, guapo y misterioso.
—Bueno, América —dice Miranda poniendo los ojos en blanco.
—Mujer, no es lo mismo —la chincho. Doy un sorbo a mi vodka con limonada y observo a la gente que va llegando a la fiesta. Las celebraciones de inicio de curso de Laura son famosas, seguro que esta noche alguien se lía con quien no debe o acaba con fotos vergonzosas subidas a su Instagram.
—¿Crees que vendrá? Jay, digo —Me encojo de hombros.
—Supongo. Seguro que Laura le ha invitado.
—¿Estáis hablando de Javi? —Mirando y yo alzamos la vista y nos encontramos con Antonio, cereza en una mano y cigarrillo en la otra. Asentimos.
—He oído que le echaron de su antiguo instituto por ir drogado.
—¿En serio? No tiene pinta de yonki —digo sorprendida.
—Pues Patri me dijeron que era él quien trapicheaba. Que era camello. Mira, allí está, ¡Patri! —grita Miranda. Se levanta e indica a Patricia a que se acerque. Con ella vienen también Julia y Sergio. No hay sitio en los escalones para todos así que me levanto yo también y cojo el cigarrillo de Antonio para darle una calada.
—Es verdad, me lo dijo Luisa. Su tía trabaja en el instituto, así que debe de saberlo de primera mano —dice Patri.
—No digo que Luisa sea una mentirosa —interviene Sergio—, pero ya sabéis lo que le gusta exagerar.
—A mí la info que me ha llegado es que sí que trapicheaba y que encima estaba compinchado con uno de sus profes. Como en la serie esa.
—¿Y qué pasó con el profe?

—Ni idea, a mí solo me ha llegado lo de Jay.
—¿Estáis hablando de Jay?
Esa pregunta fue repitiéndose a lo largo de la noche y las habladurías y rumores evolucionaron hasta colocar al chico como capo de una pequeña red de narcotráfico estudiantil que no sólo contaba con la ayuda de profesores si no también del cuerpo de policía. Si había tenido que volver a España era porque los bandas locales le habían amenazado, a él y a su familia, por meterse en sus negocios y quitarles la clientela.
—Esto es imposible. Se os está yendo la olla —dijo alguien. El círculo de comentaristas de la vida de Jay era ya de la fiesta entera. La música olvidada y el alcohol relegado a segundo plano.
—Que alguien se lo pregunte cuando venga.
—¿Pero va a venir?
—Claro que sí, bien querrá hacer amigos.
—¿Creéis que traerá hierba o algo?
—¿Os lo estáis pasando bien? —preguntó una voz aguda tratando de sonar fría y distante pero supurando histeria.
Era Laura, ceño fruncido y brazos en jarra.
—¿Por qué nadie está bailando? ¿Por qué no estáis twiteando lo bien que os lo estáis pasando?
—¿Va a venir Javi?
—¿Le has invitado?
—¡Esta es mi fiesta! No la del puto Jay de los cojones —chilló Laura—. ¿Se puede saber qué es lo que veis en él?
—A mí también me gustaría saber qué he hecho para merecer tanta atención.

Laura se giró y se encontró con Jay a sus espaldas, una sonrisa divertida en los labios y las manos en los bolsillos.
—Fuera de aquí, no estás invitado. ¡Es mi fiesta! —volvió a gritar Laura—. Nadie me roba el protagonismo en mi propia casa.
La chica empujó a Javi pero lo único que logró fue tropezar con sus propios pies. Se balanceó sobre los zapatos de tacón, perdió el equilibrio y tratando de mantenerse en pie trastabilló hasta quedarse sin superficie plana. Laura cayó a la piscina con un sonoro ¡chof!

—¡FUERA TODOS DE AQUÍ! La fiesta se ha acabado -farfulló con la boca llena de agua.

TOP 5 2016: Mejores y peores lecturas del año

Sí, llega ese momento del año en el que toca mirar atrás y decir “¡Qué libros tan bonitos he leído!” O no. Durante este año he viajado a muchos mundos y futuros posibles de la mano de personajes divertidos y cautivadores pero también he suspirado de aburrimiento y negado con la cabeza de exasperación. Por suerte las lecturas entretenidas superan con creces los chascos literarios de este año y espero que continue así durante el 2017 🙂

Debo decir que aunque este año he leído algo más de fantasía de lo que acostumbraba en los últimos años, la ciencia ficción sigue sobreponiéndose como mi género favorito. Y no, mi querida Victoria Schwab no sale por qué la saga de A Darker Shade Of Magic no ha acabado y aunque sí leí Vicious este año quiero releerlo para hacer una reseña en condiciones. No sufráis, en 2017 veréis mucho de ella, sobre todo con mis entradas de Adopta una autora ^^

Así que ha falta de un libro por acabar (que no creo que me sorprenda tanto como para estar en esta lista), empecemos el recuento:

TOP 5: Mejores lecturas 2016

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Reto 46 & 47 – Amor y sangre

¡Hoy toca ciencia ficción y fantasía!

Semana 46: Escribe una historia que tenga lugar en un taller mecánico.

El taller mecánico abandonado siempre fue lugar de múltiples anécdotas e historias. Durante toda mi infancia y adolescencia fue protagonista de muchos de mis sueños y aventuras; el escondite de los alienígenas, el punto de encuentro entre bandas rivales, un laboratorio secreto en el que experimentaban con humanos… Por eso, cuando llegó mi primer aniversario con Lisa decidí preparar allí una romántica cena con velas, mantel a cuadros y sándwiches preparados por un servidor. Incluso logré llevarme un par de cervezas y una caja de condones sin que mi padre se enterara.

Llegué quince minutos antes y lo coloqué todo en el centro del local, justo encima de una mancha negra que podía ser aceite o sangre. El aire primaveral entraba por las ventanas rotas y me costó encender las velas, colocadas en círculo alrededor del gran mantel que serviría también para que nos sentáramos en él. El ambiente olía a hierro y goma quemada pero no era desagradable. De una de las paredes aún colgaban varias herramientas y en las esquinas se podían encontrar neumáticos de todos los tamaños. Lisa anunció su llegada dando leves golpecitos a la persiana metálica a medio bajar y grité que pasara.
Obviamente no esperaba aquello y aunque al principio le entró la risa por lo ridículo de la situación al final resultó una cena agradable, llena de risas, besos y una conversación plagada de referencias a un futuro en común que reafirmaron mil veces el amor que sentía por ella.
Acabados los sándwiches y las cervezas empezamos a besarnos con más asiduidad y ganas hasta que acabamos los dos sin camiseta, medio cuerpo sobre el mantel y el otro medio sobre el cemento frío y sucio del taller mecánico.
Cuando el suelo empezó a temblar pensé que eran imaginaciones mías producidas por mis hormonas, cuando el temblor fue seguido de gritos alejados y una luz azulada que entraba por la persiana a medio bajar mi cerebro decidió que definitivamente ocurría algo extraño.
Nos separamos y recogimos nuestras camisetas. Nos asomamos por las ventanas rotas y fuimos testigos de la Primera Masacre Alienígena de la Tierra.
Nos miramos asustados y en vez de salir en busca de ayuda decidimos quedarnos allí, recoger cualquier pista de nuestra presencia allí, hacernos con lo que pudiera servirnos de arma, y escondernos detrás de una puerta vieja de camión, apoyada en una esquina.
Nunca vimos los alienígenas con claridad pero escuchamos sus baboseos y aspiraciones tras el latir de nuestros corazones. Pasamos allí escondidos dos días, sin comida ni bebida , sin apenas mover un músculo.

Cuando por fin decidimos salir al exterior estaba toda nuestra ciudad y la mayor parte del planeta estaban destrozados. Pocos sobrevivieron y ninguno supo por qué.
Los alienígenas no han vuelto, pero ahora estamos preparados para defendernos y no se volverá a repetir.

Semana 47: Elige una letra del alfabeto. Encuentra 5 elementos de tu habitación que comiencen por esa letra y escribe un relato sobre alguien que intenta escapar usándolos, al más puro estilo MacGyver.

Estoy en lo que parece un estudio. Las últimas horas de mi vida son una sucesión de imágenes borrosas que no aportan información alguna de cómo he llegado aquí.
He despertado debajo de la mesa, a oscuras y sobre una manta a cuadros escoceses de esos rojos, amarillos y verdes. Sé que cada uno de los colores y estilos representa una familia o clan pero dudo que saber a cuál de ellas pertenece este en particular me ayude.

La puerta está cerrada y las ventanas, aunque se pueden abrir sin problemas das a la más y absoluta nada. Es noche cerrada, la Luna apenas se intuye tras las densas nubes y el rumor de los árboles me llega como un murmullo de ultratumba. Cada vez tengo más miedo y estoy más enfadado conmigo mismo y mi cerebro ¿qué ha ocurrido? ¿por qué no recuerdo nada? Vuelvo a acercarme a la puerta y acerco el oído, silencio absoluto.
Estudio la habitación: es cuadrada, con un escritorio bajo la ventana donde descansan una libreta y un estuche metálico perfectamente colocados en el centro, una silla negra de las ergonómicas, seguro que muy cara, una estantería a mi izquierda con un par de libros escritos en lo que parece algún idioma eslavo y a mi derecha una espada antigua y enorme que cuelga de la pared. Eso me da una idea.
Me subo a la silla y con todas mis fuerzas descuelgo la espada, que cae ruidosamente al suelo y deja varias muescas en el parquet. ¿Por qué me han encerrado en una habitación con un arma? Pesa mucho más de lo que esperaba y la única luz de la habitación otorga al metal un fulgor apagado y frío. ¿Cuántos cientos de años debe de tener? La arrastro por el suelo ignorando los rasguños que la punta deja en el suelo y una vez frente a la puerta distingo un pequeño bote en la esquina. Dejo la espada en el suelo con cuidado y doy los dos pasos que me separan de lo que parece ser un insecticida. Lo observo con atención y decido que puede serme de ayuda, por lo que lo acerco a la puerta y lo vuelvo a dejar en el suelo. Voy a recoger la espada de nuevo cuando más ideas vienen a mi mente. Se supone que estoy preso en un lugar desconocido y voy a intentar fugarme, debería prepararme. ¿Qué hay en ese estudio que pueda servirme? Vuelvo a subirme sobre la silla y estiro con fuerza de los estores que cubren las ventanas, la tela es dura y algo rígida y puede servir para protegerme las manos cuando trate de abrir la puerta a espadazos. También me quedo con el espiral de la libreta, y con el estuche,  me los meto en los bolsillos traseros del pantalón y vuelvo a por la espada. Presto atención, el silencio continua. Me envuelvo una de las manos con el estor y el otro me lo ato al cuello. Me resulta algo complicado coger la espada con la mano vendada de una manera tan tosca pero así no resultaré herido si se desprenden astillas de la puerta cuando la rompa.

El primer golpe de empuñadura contra cerradura resuena por toda la habitación y estoy seguro que si hay alguien en esa casa ahora mismo está de camino al estudio. Pero pasan los segundos y no sucede nada, así que vuelvo a intentarlo. El metal empieza a ceder y la madera se separa de él al tercer golpe. Un par más y la puerta se abre con un silencio que contrasta con las sonoras estocadas anteriores. El pasillo está desierto. Fotografías de paisajes montañosos adornan las paredes. Decido avanzar por la derecha, no sin antes coger el espray anti insectos. Resulta difícil avanzar con todo eso en las manos y el peso de la espada hace estragos en mis músculos. Nunca he sido de hacer deporte y menos aún pesas. Sospeso mis opciones y decido cometer la imprudencia de dejar la espada en el suelo lo más silenciosamente posible. No sé usarla y su peso será un inconveniente si he de luchar o huir. Continuo avanzando con el espray frente a mí y el estor bien enrollado tapándome nariz y boca. Llego a una cocina abierta y un salón comedor. Toda la pared frente a mi da al exterior, a un bosque oscuro que no me augura una huida fácil. Sentada en una butaca una mujer joven me observa con una fina sonrisa en los labios. Estiro el brazo con el espray hacia ella y retrocedo hasta sentir la pared en mi espalda. El estuche y el espiral de la libreta se me clavan en el culo.
—Tranquilo —dice la mujer al levantarse—. Lo has hecho muy bien.
Se acerca con grandes pasos y sus zapatos de tacón repiquetean en el suelo. Cuando está a menos de dos metros de mí me abalanzo sobre ella y vacío el espray sobre sus ojos, nariz y boca. La sorpresa se adueña de ella y aprovecho esos preciosos segundos de incertidumbre que la apresan para darle bien fuerte en la sien con el bote vacío. Se tambalea, choca contra la encimera y se agarra en ella para no caer. Le sangran los ojos y de entre sus finos labios distingo el destello de unos colmillos más largos de lo normal. Sin pensar en lo que estoy haciendo cojo un cuchillo del bloque magnético que hay frente a mí y le atravieso el corazón. Eso no podría haberlo hecho con la espada.

La mujer suelta un rugido animal antes de convertirse en ceniza ante mis ojos. El cuchillo cae al suelo junto a su ropa, joyas y zapatos. No he podido procesar todo lo sucedido cuando un aplauso seco y sonoro a mis espaldas vuelve a poner en alerta mis sentidos. Me giro y encuentro un hombre, otro vampiro, queme observa con diversión.
—Vaya, ella era quien había apostado por ti. Supongo que tenía razón.
—¿Razón en qué? —pregunto. Mi voz suena ronca y gastada pero me sorprende no encontrar miedo en ella.
—En que eras fuerte. Que superarías la prueba.
—¿Qué prueba? —No sé porque hablo cuando tendría que luchar, pero mientras el hombre avanza lentamente hacia mí y yo retrocedo de la cocina al salón, mis manos se dirigen hacia mis bolsillos traseros.
—Esta prueba —dice él extendiendo los brazos.
No sé qué quiere decir con ello pero yo también extiendo mis brazos. En una mano tengo el estuche y en la otra el espiral de la libreta, que he colocado formando una cruz. El vampiro ríe al verlo y sus colmillos aparecen entre sus labios, amenazantes y estilizados.
—Eso no sirve para nada —Antes de que mi cerebro haya podido procesar la última palabra el hombre se me planta delante y me abraza con fuerza—. No hay huida posible, sólo existe la muerte o esto —susurra antes de clavarme los colmillos en el cuello.

 

Retos 40 & 41 – To boldly go

¡11 Relatos! Ya casi lo consigo >___<

Semana 40: Abre el primer libro que veas por la página 23. Escoge la tercera frase de la página y úsala como la primera oración de tu relato.

In Adam’s limited experience, there were only a few things that could make that happen.

The Raven King. Maggie Stiefvater.

En la limitada experiencia de Adam, sólo un par de cosas pueden causar tales efectos. Y ninguna de ellas agradable.
—¿Vas a decirme ya qué me ocurre? —pregunta el capitán, perlas de sudor le recorren la frente. Un nuevo espasmo de dolor le obliga a cerrar los ojos y se le escapa un gruñido lastimero.
—Bueno, Julian, teniendo en cuenta lo poco que conocemos del planeta —dice Adam lentamente. Es para que  su amigo lo entienda y para que él mismo pueda escoger las palabras adecuadas, nada de lo que va a decir a continuación suena demasiado placentero—. Puede que algo de la cena de ayer con el jefe de la tribu te haya sentado mal, puede que hayas pillado la enfermedad chunga esa de la que me habló la princesa, o puede ser que estés embarazado.
Esto último lo dice más rápido y sin mirar a su amigo y capitán. La enfermería está desierta, todas las camas pulcramente hechas y las sábanas blancas y relucientes. El silencio es agobiante durante dos largos segundos.
—¡¿Qué estoy qué?! —grita el capitán.
—He dicho que puedes estar embarazado. Pero aun tengo que hacerte algunas pruebas y hablar con los nativos y-
—¡Pero si desde que me subí a esta nave que no he hecho nada!
—Estamos en el espacio, hay muchas cosas que no entendemos.
—Adam, por el amor de la Galaxia, hazme las pruebas que tengas que hacerme y cállate. No estoy como para tener un crío.
Adam es incapaz de reprimir una risita que por suerte queda disimulada por un nuevo ataque de gruñidos y quejidos de dolor.

Adam manda a su enfermera que haga un seguido de pruebas al capitán y mientras él baja al planeta recién hermandado para hablar con el jefe y su hija, la princesa Illiannzah sobre lo sucedido.
Cuando los resultados vuelven del pequeño laboratorio de abordo el doctor suspira tranquilo. Avisa a cocinas y coge del armario una caja de calmantes.
—¿Has pensado ya algún nombre para tu bebé? —pregunta. Es incapaz de reprimir la broma. Sólo por la cara de Julian vale la pena el castigo que éste pueda imponerle.
—¡No me digas eso!
—Era broma. Sólo es una indigestión. La mejor de las tres opciones ¿no? —Julian asiente. Está pálido y se le marcan las ojeras mucho más de lo normal—. De momento puedes tomarte esto, es un calmante para el dolor.
Adam le acerca un vaso con agua y la pastilla.
—¿Por qué no me lo has dado antes? —le recrimina el capitán antes de beber el agua y tragar la pastilla con ansias.
—Porque podía ser contraproducente. Ahora subirán de cocinas un poco de sopa. Me ha dicho el jefe que lo que necesitas son muchos líquidos, estar en un ambiente cálido y descanso.
—¿Sólo eso?
—Eso parece. Por lo que el jefe ha podido deducir eres la primera persona alérgica a su fruta más preciada. Es una pena, ha dicho, eso te descarta definitivamente para que contraigas nupcias con su hija.

 Semana 41: Escribe un relato sobre un personaje que tenga mucha fuerza de voluntad.

 

Algunos lo llaman tozudez, otros fuerza de voluntad. Ver sólo un punto fijo en el horizonte y avanzar hacia él cueste lo que cueste. Así me gustaría ser, como ella.
La veo en televisión, con esa sonrisa tan brillante y ese vestido tan bonito y me acuerdo de cuando íbamos a clase juntas.
Siempre quiso ser actriz, y se le daba bien. Iba a clases de teatro, a la academia de inglés y a canto. Eso último no se le daba tan bien. Pero ella continuó, sabía que era necesario para su voz, que le abriría muchas más puertas. Incluso cuando estábamos en época de exámenes no se saltaba nunca ni una de esas clases. Sacaba buenas notas, era algo torpe pero siempre tenía algo bonito que decirte. Me alegro de que le haya ido tan bien.
Fui a ver su primera obra de teatro importante. Teníamos dieciocho años y su papel era el de la hermana de la protagonista. Lo bordó. Después, al hablar con ella a la salida, me dijo que estaba enferma, a 38 de fiebre, pero que no podía desaprovechar aquella oportunidad. Yo la admiraba tanto. Mi vida hasta ese momento había sido simplemente dejarme llevar por la corriente, estudiar, aprobar y entrar en la universidad.
Dos meses después entró en la mejor academia de interpretación y poco a poco fuimos perdiendo el contacto. A veces hablábamos por Messenger o por Facebook y yo veía cómo seguía esforzándose, dándolo todo de sí misma, con una sonrisa y la mirada fija en la gran pantalla.
Recuerdo la primera vez que vi su nombre en el cine, en los créditos de una comedia coral un poco sosa pero con algunos diálogos muy buenos. Sentí una extraña mezcla de alegría, orgullo, envidia y autodesprecio. ¿Qué estaba haciendo yo con mi vida?
Y ahora aquí está, en la tele, nominada a los Goya como mejor actriz revelación. Y una pequeña lágrima cae por mi mejilla y me pregunto dónde estaría yo si hubiera luchado tanto como ella por mis propios sueños.

Reseña – Trilogía MaddAddam de Margaret Atwood

Margaret Atwood es junto a Úrsula K LeGuin una de las autoras que más ganas tenía de leer y una vez más gracias a la iniciativa de LeoAutorasOct he podido quitarme la espinita (que ha sido reemplazada por un gran tronco de árbol, pues quiero seguir descubriendo sus historias). ¿Queréis saber qué me ha parecido?

MaddAddam

Autora: Margaret Atwood
Libros pertenecientes a la trilogía: Oryx y Crake, El año del diluvio, MaddAddam.
Años de publicación: 2003 – 2009 – 2013
Leído en: Inglés y catalán
Género: ciencia ficción especulativa, post apocalíptico.
Puntuación:5koalastars
Resumen: En un futuro no muy lejano, donde las grandes corporaciones científicas y tecnológicas son las que controlan el mundo a su antojo a base de experimentos genéticos, un virus mortal arrasa el 99% de la población. ¿Será este el final de la humanidad?

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31 Reto Escritura – Estado de emergencia

Semana 31: Imagina que eres incapaz de salir de un piso durante una semana. Cuenta cronológicamente cada día y por qué no puedes salir.

 

Día 1.

Tal y como anunciaron ayer las noticias, han empezado las lluvias y se ha declarado el estado de emergencia en toda la ciudad. Nadie puede salir de sus casas hasta que se dé el aviso.  Me parece bien, así puedo ponerme al día con todo el trabajo acumulado que tengo. Lavaré la ropa, limpiaré el piso y escribiré todos los artículos que me tocan para el mes que viene, si me pongo las pilas me quedará tiempo libre para pedirme unas vacaciones.

Día 2.

Las lluvias continúan y de todo lo que quería hacer ayer sólo logré cumplir una pequeña parte. Mientras la lavadora funcionaba me dije que no podía concentrarme en escribir, por lo que me puse a jugar al nuevo “Exploración Mortal”, las explosiones y gritos se mezclaban con los temblores de la máquina y todo parecía mucho más real. Luego de comer me vino el bajón y decidí echarme una siesta, hacía meses que no lo hacía. El resto del día no fue demasiado mejor, las gotas de agua y ácido, de un color gris verduzco pegaban contra la ventana y creo que estuve más de media hora en la cama viéndolas caer antes de obligarme a coger la tablet y ponerme a escribir. Obviamente de todas las palabras que tenía planeadas escribir logré sólo la mitad.

Día 3.

Hoy mi acto productivo y representante de mi estatus como adulto ha sido pedir la comida.  Sé que cuanto más tarde más trabajo tendrá el servicio de transporte y más números tendré de que se hayan agotado mis preferencias alimenticias. El pedido ha llegado a media tarde, con algo más de una hora de retraso, pero no he querido presentar ninguna queja, como digo es lo normal en épocas de lluvia.
Recuerdo cuando era pequeño y aun se podía salir durante las tormentas, la gente hacía casi vida normal y los únicos túneles subterráneos que había eran para el metro. Ahora casi toda la vida se hace bajo la superficie. Cuando no llueve agua ácida hace demasiado calor o sopla un viento de mil demonios.
Podría ir al centro comercial y ver una película pero seguro que todo el mundo ha tenido la misma idea y va a estar a rebosar. Mejor me quedo y escribo, como llevo diciendo los últimos días, o puedo ponerme al día de la última temporada de “Doctores en la Casa Blanca”.

Día 4.

Las noticias han anunciado ya el primer muerto, un loco que decidió salir al exterior sin ningún tipo de protección. A veces le entiendo, sentir el sol ardiente o el aire frío en la piel es mejor que respirar este oxígeno reciclado y pasear entre centenares de personas desconocidas. No sé porqué esta semana se me está haciendo más dura que las anteriores. ¿Será porqué no tengo ganas de trabajar? Cada vez que me siento a escribir noto como si mis manos pesaran 10 kilos y me resulta casi imposible alzarlas y moverlas por el teclado. Pero he de hacerlo, y hoy acabaré dos artículos como mínimo.
En las noticias también han dicho que probablemente la tormenta acabe en un par de días o así. claro que luego queda el tiempo de descontaminación atmosférica. Aunque no llueva no quiere decir que puedas salir, el aire sigue contaminado del ácido del agua al evaporarse. Todo una mierda, sí. Este es el mundo que nos dejaron.

Día 5.

Hoy estoy más animado. Ayer no me fui a la cama hasta acabar los dos artículos que me había propuesto y hoy haré lo mismo. Ya apenas llueve y en las noticias han dicho que seguramente esta noche pare por completo. Eso quiere decir que en poco más de 48 horas podré salir a respirar aire de verdad. Ya nadie usa la expresión aire puro, no tiene nada de eso, pero al menos es mejor que el de estos días. Puede que aproveche y vaya a comprar, siempre me ha gustado hacerlo por mí mismo, en internet nunca calculo bien las cantidades y entonces sucede como ahora, que antes de lo pensado ya me estoy quedando sin. También puedo aprovechar para quitarme ese par de quilos de los que todo el mundo habla, o para ponerme con el yoga. ¡No! Tengo que escribir.

Día 6.

Ya no llueve. Algunos inconscientes han salido ya fuera, con máscaras de aire y ropa protectora, claro. Eso no les asegura que no les vaya a suceder nada, pero siempre hay quien está dispuesto a desafiar a la madre contaminación con tal de salir en las noticias o simplemente desafiar al orden. No han anunciado más muertos, así que supongo que estarán bien.
Ayer logré escribir más de lo que esperaba, así que puede que hoy me vuelva a poner con los videojuegos. ¿Qué más da si no puedo acabar todo lo que me proponía? No tengo dinero para irme de vacaciones, no sé a quien quería engañar con eso.

Día 7.

En las noticias ya han anunciado que es seguro salir al exterior, por lo que hoy va a escribir mi tía la de Mallorca. He dormido hasta tarde y desayunado el poco subcafé que me quedaba. Estoy esperando a que llegue el mediodía para evitar a todos aquellos que hayan querido salir a primera hora, si voy a estar en el exterior no quiero sentirme como si estuviera en el centro comercial. Tengo listo mi chubasquero y he escrito en mi móvil una extensa lista de la compra. Los próximos días puede que luzca el sol y el cielo esté impecable, pero tendré que seguir metido en casa si quiero cumplir con todas las fechas de entrega.
Me ducho, me visto, me miro al espejo para asegurarme que tras tantos días de confinamiento estoy presentable para el público y abro la puerta de mi piso. Bajo las pocas escaleras que me separan de la calle y abro la puerta principal.
El aire fresco de después de la tormenta me da de lleno y respiro hondo. El toque a dióxido de carbono y gases varios de pica en la garganta pero no toso. El cielo brilla de un naranja claro y apenas hay nubes en él. La arena bajo mis pies cruje a cada paso y las sombras de aquellos que como yo han salido al exterior se extienden más allá de las primeras dunas. Veo niños pequeños, que nunca han conocido otra cosa que el desierto y siento algo de pena y nostalgia. Apenas se encuentran árboles y vegetación hoy en día en la tierra y sólo los más ricos pueden vivir allí. Los demás nos quedamos en nuestras cuevas subterráneas, como topos, esperando a que algún día las máquinas depuradoras logren devolver a la Tierra su esplendor de antaño.

30 Reto Escritura – Isla desierta

Semana 30: Escribe un relato sobre cómo sobrevivir en una isla desierta.

Tengo entre manos el guión de una película de acción, va a ser la bomba, todos los estudios se darán de cabezazos por conseguir los derechos y escogerán sólo a los mejores profesionales para trabajar en ella, dejará boquiabierta a la crítica y dudo que se lleve menos de dos Oscars. Sé que ocurrirá, sé que todo eso sucederá, siempre y cuando pueda acabar esta mierda de escena.
Verás, tengo al protagonista en medio de una isla desierta. No puedo contarte cómo ha llegado allí, no pudo hacer spoilers de mi propia película, pero sí te puedo decir que hay alienígenas involucrados. Ha logrado huir de ellos y ahora debe mantenerse con vida el suficiente tiempo como para que los aliados lleguen a rescatarle. Obviamente ha conseguido fabricarse un pequeño dispositivo comunicador, por eso sabe que van a salvarle, pero ¿qué ha de hacer mientras? En esa isla desierta de apenas unos 100km² sólo hay arena, rocas, matorrales, algún árbol y una nave alienígena estrellada. De allí mi protagonista puede sacar piezas electrónicas y usar su carcasa para protegerse de las inclemencias del tiempo, pero no hay comida, ni ropa, ni agua potable. El agua de la lluvia puede ayudarle pero la contaminación la ha convertido en algo no recomendable para el consumo humano. Podría cambiar este hecho pero entonces partes del inicio de la película tendrían que cambiar también y solucionar eso sería mucho más difícil que salvarle la vida a mi protagonista. Puedo hacer que pesque con algo que encuentre en la nave, una red o una pieza de metal que sirva como lanza, pero si el agua de lluvia está envenenada imagínate la del mar y sus habitantes. Sólo quedan las plantas, que por consiguiente también tendrían que ser peligrosas, pero puedo ingeniármelas para explicar que si han sobrevivido es porque disponen de un sistema de filtrado ¿no? Puede, ¿o suena muy forzado? Puedo hacer que mi protagonista masque las hojas de los árboles, consiguiendo así algún tipo de salvia nutritiva que le deje débil pero vivo. Sólo son tres días, si lo protejo de una insolación y le mantengo mínimamente hidratado y alimentado ya vale, ¿cierto? No hay animales que puedan atacarle y los alienígenas están muy ocupados acabando de destruir Tokio y Nueva York. Creo que sobrevivirá, si los del programa ese de aventuras desnudos lo logran, él también. Además, es cine, es magia, si lo presento con la suficiente seriedad el espectador lo creerá…