Relato 4 | A por el premio

¡Buenas!

Parece que la única manera que tengo de escribir es con el móvil y en el tren… Así he escrito este relato y así escribí también mi entrada para el Proyecto Remolacha. Supongo que a fin de cuentas lo que importa es escribir…

Relato 4: Crea un relato que gire en torno a una cuenta atrás.

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Reseña – Ready Player One de Ernest Cline

¡Buenas!

Empezaré esta reseña por decir que Ready Player One es el libro con más referencias frikis que he leído y que, seguramente, jamás leeré (creo que sólo estaría seguido de los 13 tomos de Una serie de catastróficas desdichas). Una vez dicho esto, empecemos:

Ready Player One

Autor: Ernest Cline
Año de publicación: inglés: 2011 | castellano: 2011
Leído en: castellano
Editorial: Nova /Ediciones B
Páginas: 459
Género: ciencia ficción
Puntuaciónrecomendaciones, libros, literatura, ciencia ficción, books, sci fi, ernest cline, ready player one, videojuegos,
Resumen: Wade Watts prefiere los videojuegos a la vida real, sobre todo porque si descubre el tesoro secreto que hay escondido en OASIS tendrá la vida solucionada. Como muchos, lleva años buscándolo, pero cuando finalmente descifra la primera pista Wade deja de ser un personaje más para ser el avatar más buscado del ciberespacio.

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Reto 48 & 49 & 50 – Momentos decisivos

¡Y ya sólo faltan dos!

Semana 48: Escribe un relato sobre un personaje que lleva más de una semana sin dormir.

Hace ocho días que no duermo.

¿Ocho? Sí, creo que sí.

192 horas despierto.
Y sin salir de esta apartamento. Esto no os lo había dicho ¿verdad?
Nunca había tenido problemas para dormir, pero hace ocho días me acosté y no pude dormir. Así de fácil y aterrador. Conté ovejas, me relajé, pensé en cosas agradables e imaginé que dormía y soñaba entre mullidas nubes. Nada funcionó. Pasaron las horas y lo único que podía hacer era dar vueltas en mi cama. Finalmente me levanté y me di una ducha caliente pero seguía tan despierto como si hubiera dormido ya mis ocho horas. Me puse a leer y vi amanecer. Saqué un par de fotos pero no quise colgarlas en internet, no quería que nadie supiera que tenía problemas para dormir.
Desayuné y pensé que quizá si hacía un poco de deporte lograría cansarme lo suficiente como para poder dormir esa noche. Preparé la mochila del gimnasio para llevármela al trabajo y cuando tenía el pomo de la puerta en la mano sonó mi móvil. Era mi supervisora. No tenía que ir a trabajar. Había problemas eléctricos en todo el edificio y nos habían dado una especie de vacaciones a todos. Se nos enviarían mails indicándonos lo que podíamos hacer desde casa.
Pensé en ir al gimnasio de todos modos pero sólo de pensar en bajar cinco pisos de escaleras se me quitaron las ganas. Me eché al sofá y pasé toda la mañana con la mente en blanco mientras programa basura tras programa basura pasaba frente a mis ojos. Así has sido mis días desde entonces. Hay algo en mi interior que no me deja dormir ni salir de casa, que me retiene en estos setenta metros cuadrados y me nubla la mente a la luz del sol. Cuando llega la noche contesto todos los mails del trabajo y preparo alguna presentación que se me ha pedido. Pero nunca duermo. Ayer tuve que pedir comida por internet; no lo había hecho nunca antes. Ha llegado esta mañana.  La reacción del repartidor al verme ha sido sorprendente, evitaba mirarme a la cara y ha estado temblando mientras comprobaba que no se habían olvidado nada. Cuando me he despedido de él ha dado un salto y ha dejado escapar un graznido. Me ha hecho gracia y a la vez me ha intrigado. Puede que no duerma ni salga de casa, pero no he olvidado mi higiene personal.

Después de guardar la carne en la nevera he ido al baño, curioso por encontrar qué ha podido provocar en el repartidor tal reacción. Voy bien peinado y afeitado, no me huele el aliento y mis uñas estás recién cortadas. No lo entiendo.

*

Juan se miró una vez más al espejo y se encogió de hombros. Estaba todo correcto. Excepto que no era así. en su frente habían empezado a nacer una pequeñas protuberancias negruzcas, sus dientes habían empezado a afilarse y su piel tenía un tono cenizo que enrojecía alrededor de las articulaciones.
lo que Juan no podía ver, además de su aspecto real, era el demonio que poco a poco dominaba su corazón, estrujándolo milímetro a milímetro para poder devorarlo una vez dejara de latir y quedarse con el alma que habitaba en él.

Hacía ocho días que Juan no dormía. Hacía ocho días que Juan había asesinado a su mujer.

 

Semana 49: Escribe un relato sobre una novia que tiene dudas antes de su boda. Describe la tarta y los invitados.

Carmen me ha enviado una foto de la tarta cuando me estaban peinando. Ha quedado preciosa. Tiene cuatro pisos de bizcocho red velvet y están cubiertos todos ellos de una buttercream blanca como el marfil. La decoración consiste en pequeñas perlas plateadas que crean cenefas en los niveles pares y mariposas moradas de pan de ángel en los impares. Suena extraño y puede no ser lo más corriente en una boda pero así era como la quería y así es como la he conseguido. Lo único que falta en ella son las figuritas de los novios que van arriba del todo. Tiene que traerlos Ricardo, los playmobil tuneados que serán a la vez su regalo.
Estoy guapísima. El vestido plateado es precioso, largo, estrecho y de amplio escote. Dani no podrá aguantar hasta la noche, estoy segura.
María ha llamado a primera hora de la mañana desde el camión. El ramo ha quedado precioso y las flores para los centros de mesa están listas. Todo parece un sueño.
Cuando llego al ayuntamiento veo las caras de asombro de mis padres y sonrío para mis adentros.
—¡Estás preciosa! —dice mi madre—. Toma el ramo.
—Dani te espera dentro —me informa mi padre.
María tenía razón, el ramo es también como lo había pedido. Una cascada de color que resalta ante la tela plateada de mi vestido.
Entramos en la sala del ayuntamiento y todos los invitados se levantan. Siento que enrojezco y mi sonrisa se ensancha. Allí está mi familia, mis amigos del instituto y de la universidad, Marcos… ¿Qué coño pinta él aquí? Mi cuerpo sigue avanzando hasta donde se encuentra Dani con su madre pero mi cerebro no procesa la música que acompaña mi entrada ni apenas reacciona ante el abrazo de mi madre al dirigirse hacia su sitio en primera fila. Sólo el apretón de manos de Dani logra que mi mente olvide unos ojos verdes por otros azules. Sonrío, le devuelvo el apretón y me obligo a mi misma a escuchar la ceremonia. Pero mi corazón late con fuerza y no precisamente de emoción. Ver a Marcos después de casi diez años ha sido como una apuñalada en el pecho. Reprimo las ganas de girarme y recuerdo que estaba sentado junto a Javier y Lurdes, ¿quiere decir eso que forma parte de la banda? ¿Mi primer amor va a ser el pianista de la banda que toque en mi boda? Eso es una jugarreta cruel del destino. O una señal. Nunca lo he dicho en voz alta pero Marcos fue mucho más que mi primer amor verdadero. Fue la única persona que no cayó ante mis encantos. Éramos amigos, nos llevábamos genial, pero nunca pasó nada entre nosotros y por eso siempre he tenido clavada la espinilla del “y si…” ¿Y si es él mi media naranja? ¿Y si nunca llego a sentir algo parecido por otra persona? Todos los sentimientos que he ido reprimiendo en los últimos años acaban de explotar ante mí y no sé si puedo evitar que manchen a alguien. Respiro hondo y por el rabillo del ojo veo que Dani me observa. Sonrío y veo que se tranquiliza. Tengo una decisión que tomar.

Imagino una balanza tras del juez de paz y coloco todo lo que siento por Dani en un lado, luego lo que he sentido por Marcos en el otro. Están bastante igualados. Añado los grandes momentos vividos con una y con el otro y obviamente gana Dani, resto los enfados y las discusiones y los platos vuelven a colocarse a una altura parecida. Nada de esto me ayuda. Son personas diferentes, sentimientos parecidos y situaciones opuestas. Marcos siempre será un inalcanzable, la representación de un sentimiento puro incorrupto por la realidad y no puedo basar mi futuro en un sueño infantil. El amor absoluto y puro existe, pero no está exento de sus malos momentos, sus situaciones difíciles que se encargan de hacerte crecer y evolucionar, de darte la perspectiva adecuada para disfrutar de lo que realmente vale la pena. Y quiero vivir todo ello con Dani.
—Sí quiero.

Semana 50: Escribe un relato sobre una fiesta, un grito y una mentira que cada vez crece más.

—Tía, ¿has oído lo que dicen del chico nuevo?
—¿De quién de Javi? —digo girándome. Miranda se sienta junto a mí en los escalones que dan al jardín y asiente.
—Aunque creo que prefiere que le llamen Jay, resulta que ha estado mucho tiempo en Estados Unidos y así le llamaban allí.

—Creía que había estado en el Canadá —respondo. Javi, o Jay, es de quién habla todo el mundo estos días. El chico nuevo del instituto, guapo y misterioso.
—Bueno, América —dice Miranda poniendo los ojos en blanco.
—Mujer, no es lo mismo —la chincho. Doy un sorbo a mi vodka con limonada y observo a la gente que va llegando a la fiesta. Las celebraciones de inicio de curso de Laura son famosas, seguro que esta noche alguien se lía con quien no debe o acaba con fotos vergonzosas subidas a su Instagram.
—¿Crees que vendrá? Jay, digo —Me encojo de hombros.
—Supongo. Seguro que Laura le ha invitado.
—¿Estáis hablando de Javi? —Mirando y yo alzamos la vista y nos encontramos con Antonio, cereza en una mano y cigarrillo en la otra. Asentimos.
—He oído que le echaron de su antiguo instituto por ir drogado.
—¿En serio? No tiene pinta de yonki —digo sorprendida.
—Pues Patri me dijeron que era él quien trapicheaba. Que era camello. Mira, allí está, ¡Patri! —grita Miranda. Se levanta e indica a Patricia a que se acerque. Con ella vienen también Julia y Sergio. No hay sitio en los escalones para todos así que me levanto yo también y cojo el cigarrillo de Antonio para darle una calada.
—Es verdad, me lo dijo Luisa. Su tía trabaja en el instituto, así que debe de saberlo de primera mano —dice Patri.
—No digo que Luisa sea una mentirosa —interviene Sergio—, pero ya sabéis lo que le gusta exagerar.
—A mí la info que me ha llegado es que sí que trapicheaba y que encima estaba compinchado con uno de sus profes. Como en la serie esa.
—¿Y qué pasó con el profe?

—Ni idea, a mí solo me ha llegado lo de Jay.
—¿Estáis hablando de Jay?
Esa pregunta fue repitiéndose a lo largo de la noche y las habladurías y rumores evolucionaron hasta colocar al chico como capo de una pequeña red de narcotráfico estudiantil que no sólo contaba con la ayuda de profesores si no también del cuerpo de policía. Si había tenido que volver a España era porque los bandas locales le habían amenazado, a él y a su familia, por meterse en sus negocios y quitarles la clientela.
—Esto es imposible. Se os está yendo la olla —dijo alguien. El círculo de comentaristas de la vida de Jay era ya de la fiesta entera. La música olvidada y el alcohol relegado a segundo plano.
—Que alguien se lo pregunte cuando venga.
—¿Pero va a venir?
—Claro que sí, bien querrá hacer amigos.
—¿Creéis que traerá hierba o algo?
—¿Os lo estáis pasando bien? —preguntó una voz aguda tratando de sonar fría y distante pero supurando histeria.
Era Laura, ceño fruncido y brazos en jarra.
—¿Por qué nadie está bailando? ¿Por qué no estáis twiteando lo bien que os lo estáis pasando?
—¿Va a venir Javi?
—¿Le has invitado?
—¡Esta es mi fiesta! No la del puto Jay de los cojones —chilló Laura—. ¿Se puede saber qué es lo que veis en él?
—A mí también me gustaría saber qué he hecho para merecer tanta atención.

Laura se giró y se encontró con Jay a sus espaldas, una sonrisa divertida en los labios y las manos en los bolsillos.
—Fuera de aquí, no estás invitado. ¡Es mi fiesta! —volvió a gritar Laura—. Nadie me roba el protagonismo en mi propia casa.
La chica empujó a Javi pero lo único que logró fue tropezar con sus propios pies. Se balanceó sobre los zapatos de tacón, perdió el equilibrio y tratando de mantenerse en pie trastabilló hasta quedarse sin superficie plana. Laura cayó a la piscina con un sonoro ¡chof!

—¡FUERA TODOS DE AQUÍ! La fiesta se ha acabado -farfulló con la boca llena de agua.

Reto 43 & 44 & 45 -Decisiones

”Nueva entrada triple que nos acerca poco a poco al fin!!

Semana 43: Escribe una metáfora sobre el primer objeto que veas al apartar tu mirada de la pantalla. Haz un relato que la integre.

—Verás, la vida es como tu pulsera de cuentas favorita —dice mi madre. Siempre ha tenido una mente dispersa pero oportuna, por lo que trato de controlar mis sollozos y espero a que siga hablando—. La estrenas y eres muy feliz con ella, brillante e impoluta. Pero con el tiempo la cuerda se desgasta y tienes que ir con cuidado hasta que si quieres conservarla debes rehacerla, cambiar la cuerda por una nueva y quizá cambiar el orden de las cuentas.
—No lo entiendo, ¿qué tiene que ver esto con que Luis me ha dejado? —digo reprimiendo una nueva oleada de lágrimas. Mi madre me abraza de nuevo y sigue con su extraña metáfora.
—Tiene que ver con que en la vida nada es para siempre, no al 100%. Todo cambia o se desintegra. Si quieres conservar la pulsera debes cambiar algún aspecto de ella, la cuerda, el cierre, lo que sea que no funciona; igual que en la vida. Desgraciadamente vuestra relación no funcionaba y tuvo que cambiar, pero no por ello tú eres una persona diferente, sólo ha cambiado tu alrededor, tu perspectiva, y ésta te ayudará a continuar.
—O sea, que todo va bien hasta el momento en el que no —refunfuño.
—Por supuesto. Pero lo importante no es sólo rehacernos de las dificultades, si no saber qué era lo que las ha provocado para sustituirlo y mejorar.
—Eres muy rara —susurro con una sonrisa triste. He dejado de llorar pero sigue doliéndome el corazón.
—Bueno, ha sido lo primero que se me ha venido a la cabeza. ¿Cuántos años hace que tienes esta pulsera? —pregunta señalando mi muñeca derecha.
—Ni idea —sonrío—. Me la hiciste tú.
—Y ha crecido contigo, la has cuidado y mejorado ¿verdad? —asiento—. Pues eso es lo que tienes que hacer con tu vida.
—Pero tú estarás a mi lado ¿no?
—Claro que sí.

Me abraza y siento su corazón latir. Mi madre puede ser un poco rara, pero siempre logra hacerme sentir mejor.

Semana 44:Comienza un relato con: “No te volveré a fallar, te lo juro”.

—No te volveré a fallar, te lo juro.
Esas palabras le perseguirán toda su vida.
—Entonces ya sabes qué hacer. El señor Torres debe demasiado dinero, haz que pague o… —Aquella sonrisa también se le aparece en sueños. Dientes blancos y perfectos en unos labios estrechos y pálidos. El olor a pintura y humedad se le mete en el cerebro y despierta con el corazón a mil y un disparo resonando a lo lejos.
Siempre el mismo sueño, siempre el mismo final, siempre las mismas noches de insomnio. Y ya van diez años.
En aquel momento se convenció a sí mismo diciéndose que era la única manera de conseguir el dinero que necesitaba para huir de allí y conseguir una mejor vida. Si volvía a intentar escapar de la banda, El Jefe le daría caza y lo mataría a él  y a Matilde, no precisamente en ese orden ni con tanta rapidez. Así que se dijo que haría lo que le pedía, se ganaría su perdón y luego huiría con Matilde a un lugar mejor para darle la vida que merecía, lejos de la violencia, las drogas y las traiciones. Pensó en abandonarla, en huir él sólo, pero el amor que sentía por ella era tan grande que lo único que su cerebro le decía era “Haz lo que sea necesario para estar con ella. Sólo así serás feliz”.
Y lo hizo. Mató al señor Torres después de pedirle y rogarle mil veces que pagara, que reuniera el dinero para EL Jefe. Se aseguró de no dejar ni una sola huella, ni una pista, ni un ápice de ADN en la escena del crimen; si acababa en la cárcel ¿quién iba a cuidar de Matilde? Nunca se lo diría, ella nunca sabría que dormía junto a un asesino y su vida lejos de allí sería maravillosa y llena de amor.
Pero obviamente nada es tan fácil. El Jefe sabía lo que pretendía y se encargó de que Matilde supiera de lo que era capaz. Matilde le dio una bofetada al verle, le dio la espalda y jamás volvió a aparecer por el barrio.
¿De qué le servían ahora las manos manchadas de sangre? ¿El dinero?  ¿Para qué quería una vida nueva si no tenía a nadie con quien compartirla?
Lloró de vuelta a casa, se pasó la noche en su estudio, mirando las estrellas, y al amanecer cogió sus escasas pertenencias y se marchó de allí de todos modos.
Donó el dinero a un orfanato vecino y se dedicó a realizar pequeños trabajos de fontanería por encargo. Apenas le llegaba para comer a diario, en invierno pasaba frío y en verano estaba siempre sediento, pro todo era poco para compensar el daño que había causado. Jamás se perdonaría poner su propia vida por delante de otro.

Semana 45: Escribe un relato de alguien que despierta de pronto con súperpoderes.

Siento un picor en la punta de los dedos. Un calor que va poco a poco avanzando por mis dedos hasta llegar a la muñeca y convertirse en lava que se mezcla con mi sangre y prende mi corazón. Empiezo a sudar profusamente y siento las sábanas pegarse a mi espalda. Abro los ojos; tales sensaciones no pueden ser producto de un sueño. La habitación está levemente iluminada por un fulgor que nace directamente de mis manos. Es una luz cálida, anaranjada, como si en cada una de mis palmas sostuviera una pequeña llama titilante. Me incorporo con dificultad, no quiero usar las manos, y me las acerco a la cara. Me sorprende no sentir calor alguno en mis mejillas; mi interior parece un volcán a punto de estallar. Me levanto y observo el fulgor me envuelve las manos como un guante, me concentro en él y poco a poco crece hasta iluminar toda la habitación. Un sudor frío me recorre la espalda y la contrariedad de sensaciones en mi interior me debilita, la cabeza me da vueltas y debo sentarme de nuevo en la cama. El corazón me va a mil. Cuando siento que he recuperado un poco las fuerzas abro los ojos de nuevo y allí sigue el tenue fulgor. Sonrío y vuelvo a concentrarme en él, esta vez, pero, en la dirección contraria, quiero quedarme completamente a oscuras. Por extraño que parezca me resulta más difícil. Como si esa luz quisiera salir de mi interior, mi cuerpo una presa a la que le resulta más fácil abrir las compuertas que cerrarlas por completo. No lo consigo del todo, un leve resplandor recubre aún mis manos huesudas y llenas de manchas. Suspiro y a la que dejo de pensar en controlar aquella luz el fulgor vuelve a su media potencia.
Genial, pienso. Por fin tengo los súperpoderes que siempre deseé. ¿Pero de qué me van a servir a los 80 años?

 

Retos 40 & 41 – To boldly go

¡11 Relatos! Ya casi lo consigo >___<

Semana 40: Abre el primer libro que veas por la página 23. Escoge la tercera frase de la página y úsala como la primera oración de tu relato.

In Adam’s limited experience, there were only a few things that could make that happen.

The Raven King. Maggie Stiefvater.

En la limitada experiencia de Adam, sólo un par de cosas pueden causar tales efectos. Y ninguna de ellas agradable.
—¿Vas a decirme ya qué me ocurre? —pregunta el capitán, perlas de sudor le recorren la frente. Un nuevo espasmo de dolor le obliga a cerrar los ojos y se le escapa un gruñido lastimero.
—Bueno, Julian, teniendo en cuenta lo poco que conocemos del planeta —dice Adam lentamente. Es para que  su amigo lo entienda y para que él mismo pueda escoger las palabras adecuadas, nada de lo que va a decir a continuación suena demasiado placentero—. Puede que algo de la cena de ayer con el jefe de la tribu te haya sentado mal, puede que hayas pillado la enfermedad chunga esa de la que me habló la princesa, o puede ser que estés embarazado.
Esto último lo dice más rápido y sin mirar a su amigo y capitán. La enfermería está desierta, todas las camas pulcramente hechas y las sábanas blancas y relucientes. El silencio es agobiante durante dos largos segundos.
—¡¿Qué estoy qué?! —grita el capitán.
—He dicho que puedes estar embarazado. Pero aun tengo que hacerte algunas pruebas y hablar con los nativos y-
—¡Pero si desde que me subí a esta nave que no he hecho nada!
—Estamos en el espacio, hay muchas cosas que no entendemos.
—Adam, por el amor de la Galaxia, hazme las pruebas que tengas que hacerme y cállate. No estoy como para tener un crío.
Adam es incapaz de reprimir una risita que por suerte queda disimulada por un nuevo ataque de gruñidos y quejidos de dolor.

Adam manda a su enfermera que haga un seguido de pruebas al capitán y mientras él baja al planeta recién hermandado para hablar con el jefe y su hija, la princesa Illiannzah sobre lo sucedido.
Cuando los resultados vuelven del pequeño laboratorio de abordo el doctor suspira tranquilo. Avisa a cocinas y coge del armario una caja de calmantes.
—¿Has pensado ya algún nombre para tu bebé? —pregunta. Es incapaz de reprimir la broma. Sólo por la cara de Julian vale la pena el castigo que éste pueda imponerle.
—¡No me digas eso!
—Era broma. Sólo es una indigestión. La mejor de las tres opciones ¿no? —Julian asiente. Está pálido y se le marcan las ojeras mucho más de lo normal—. De momento puedes tomarte esto, es un calmante para el dolor.
Adam le acerca un vaso con agua y la pastilla.
—¿Por qué no me lo has dado antes? —le recrimina el capitán antes de beber el agua y tragar la pastilla con ansias.
—Porque podía ser contraproducente. Ahora subirán de cocinas un poco de sopa. Me ha dicho el jefe que lo que necesitas son muchos líquidos, estar en un ambiente cálido y descanso.
—¿Sólo eso?
—Eso parece. Por lo que el jefe ha podido deducir eres la primera persona alérgica a su fruta más preciada. Es una pena, ha dicho, eso te descarta definitivamente para que contraigas nupcias con su hija.

 Semana 41: Escribe un relato sobre un personaje que tenga mucha fuerza de voluntad.

 

Algunos lo llaman tozudez, otros fuerza de voluntad. Ver sólo un punto fijo en el horizonte y avanzar hacia él cueste lo que cueste. Así me gustaría ser, como ella.
La veo en televisión, con esa sonrisa tan brillante y ese vestido tan bonito y me acuerdo de cuando íbamos a clase juntas.
Siempre quiso ser actriz, y se le daba bien. Iba a clases de teatro, a la academia de inglés y a canto. Eso último no se le daba tan bien. Pero ella continuó, sabía que era necesario para su voz, que le abriría muchas más puertas. Incluso cuando estábamos en época de exámenes no se saltaba nunca ni una de esas clases. Sacaba buenas notas, era algo torpe pero siempre tenía algo bonito que decirte. Me alegro de que le haya ido tan bien.
Fui a ver su primera obra de teatro importante. Teníamos dieciocho años y su papel era el de la hermana de la protagonista. Lo bordó. Después, al hablar con ella a la salida, me dijo que estaba enferma, a 38 de fiebre, pero que no podía desaprovechar aquella oportunidad. Yo la admiraba tanto. Mi vida hasta ese momento había sido simplemente dejarme llevar por la corriente, estudiar, aprobar y entrar en la universidad.
Dos meses después entró en la mejor academia de interpretación y poco a poco fuimos perdiendo el contacto. A veces hablábamos por Messenger o por Facebook y yo veía cómo seguía esforzándose, dándolo todo de sí misma, con una sonrisa y la mirada fija en la gran pantalla.
Recuerdo la primera vez que vi su nombre en el cine, en los créditos de una comedia coral un poco sosa pero con algunos diálogos muy buenos. Sentí una extraña mezcla de alegría, orgullo, envidia y autodesprecio. ¿Qué estaba haciendo yo con mi vida?
Y ahora aquí está, en la tele, nominada a los Goya como mejor actriz revelación. Y una pequeña lágrima cae por mi mejilla y me pregunto dónde estaría yo si hubiera luchado tanto como ella por mis propios sueños.

38 & 39 Retos Escritura – Cambios

¡Venga! Que ya queda menos >____<

Semana 38: Escribe un relato sobre piratas. Describe los movimientos del barco y cómo afecta a los personajes.

Siento la respiración de Kat en mi cuello, profunda y acompasada, parece que por fin se le ha pasado el mareo.
—Lo siento, no sé qué me ha pasado —susurra—. Ya sabes que yo nunca me mareo.
—Tranquila, estos últimos días no han sido tampoco corrientes.
Sobre mí la vela mesana está izada y se interpone entre mis ojos y el cielo estelado que nos cubre. No durará mucho, siento el amanecer en el aire. Kat empieza a toser y tengo miedo de que vuelva a ponerse a vomitar pero se sobre pone, se acerca más a mí y continúa con sus hondas respiraciones.
—No quiero llegar a casa —dice con un hilo de voz.

Yo tampoco. En pocas horas veremos tierra, las playas en las que crecimos, el puerto donde nos conocimos y nada más la arena toque la suela de mis roñosas botas me aprehenderán y me llevarán al calabozo. No me resistiré, tienen todo el derecho.
Los sucesos de la última semana transcurren tras mis párpados y el suave vaivén del barco me mece con cariño, como si quisiera consolarme tras la desgracia acaecida en nuestro último enfrentamiento.  Todas dijeron que no debíamos atacar tamaño barco, que no teníamos munición suficiente, pero hice oídos sordos y las embarqué a la muerte y al dolor. Quería llegar a casa con más riquezas que nadie, proclamarme la mejor capitana que jamás hubo en la isla, y ahora seré conocida como la peor.
Creo que Kat por fin ha logrado conciliar el sueño. Para mi va a ser imposible. Las olas chocan contra la cubierta y tengo la espalda empapada pero no voy a moverme. Esperaré al amanecer aquí sentada en la toldilla, en mi esquina favorita y escuchando los quejidos de mi barco por vez final. Las pocas tripulantes que se encuentran en cubierta no me prestan apenas atención; se centran en sus labores, algunas beben, otras susurran entre ellas, pero ninguna me mira, ya no existo para ellas.

Vislumbro en el horizonte inquieto un punto de luz que poco a poco va expandiéndose y suspiro, ya llegamos. Puedo oír los grilletes, puedo identificar las incitaciones a amotinarse. Ocurra lo que me ocurra no dejaré que le pase nada malo a Kat.

Semana 39: Escribe un relato en el cual dos personas totalmente opuestas se conozcan de forma poco corriente.

Ya que tenía que hacer acto de presencia a la fiesta de fin de rodaje he decidio pedirme una cerveza y sentarme en una de las mesas más alejadas del barullo. Así puedo observa a mis compañeros reír, charlar y desinhibirse. Pese a la gente que hay en el bar agradezco la pequeña burbuja de soledad, no he tenido mucha de ella en las últimas semanas y la culpable acaba justo de sentarse frente a mí.
—Pensaba que no ibas a venir —dicela chica—. Pero me alegro de que lo hayas hecho.
Alza su vaso, de líquido oscuro y mucho hielo, a modo de brindis y da un largo trago.
—Te lo digo ahora que aún no voy borracha para que veas que lo digo de corazón. Por increíble que parezca te voy a echar de menos, Rafa.
Siento que me sonrojo pero la penumbra del bar me protege y no le doy más importáncia, respiro hondo, asiento y sin mirarla a los ojos digo:
—Yo también, Cristina —ésta suelta una carcajada y contesta:
—De verdad que no sé cómo alguien tan tímido como tú puede ser tan buen actor. Es algo que me supera.
Me encojo de hombros, es una explicación demasiado larga y personal. Me pongo a desenganchar la etiqueta de mi botellín de cerveza con la uña del dedo índice derecho.
—¿Recuerdas el primer día en el hotel? Pensabas que era un muñeco que los otros actores habían dejado allí para asustarte.
—No sería la primera vez que me hacen algún tipo de broma pesada antes de un rodaje.
—Y por eso me agarraste tan tranquilo para dejarme en la otra cama. ¡Qué susto! El tuyo al ver que me movía y el mío al despertarme y sentir que alguien me alzaba.
—Sí, tu peso te delató pero me di cuenta demasiado tarde.
—Y todo porque siempre tienes que dormir junto a la ventana —dice Cristina con una cantarela que podría tomarme a ofensa, pero la conozco, y por muy dispares que sean nuestros caracteres he aprendido que le caigo bien.
—Pero no voy a echar de menos tu atronadora música —digo, medio en broma medio en serio.
—Ni yo tu manía de ver películas mudas durante la cena.
—Siempre dejabas la ropa interior en el suelo del baño.
—Ninguno estamos demasiado acostumbrados a compartir piso ¿no? —Vuelve a reír. Niego con la cabeza y sonrío al recordar mi pequeño apartamento al que mañana podré volver, todo en orden, todo para mí solo.
—Aún queda esta noche —puntualizo.
—Tranquilo, intentaré no despertarte cuando llegue. Menos mal que comíamos en el plató. Con lo tiquismiquis que eras para el café no quiero imaginar si tenemos que hacernos la comida.
—Me gusta cocinar.
—¿Si? Yo lo odio. Algún día cuando pase por Madrid me haces la comida —La sorpresa debe reflejarse en mi cara, porque Cristina vuelve a reír—. Tranquilo, ¿con cuánto tiempo de antelación quieres que te avise?
—Con un par de días será suficiente, gracias.
—Lo digo de verdad eh, espero que sigamos siendo amigos.
—Quizá coincidimos en otro rodaje.
—¡Pero que no nos hagan compartir habitación!
—Sí, eso estaría bien.

Cristina se queda un rato más en mi mesa, bebiendo de su coctel en silencio. Finalmente me da unas palmaditas en el hombro y se despide. No tengo muchos amigos, y menos en este mundillo, por lo que agradezco mucho haberla conocido. Aunque vivir con ella haya sido un infierno en la Tierra.

34 & 35 Retos Escritura – Cumpleaños de miedo

¡Buenas!

Ya estamos en diciembre y como véis aún me faltan algunos relatos por subir hasta llegar a los 52. Después del fracaso estrepitoso que ha supuesto el NaNoWriMo de este año para mí, estoy dispuesta a acabar este reto sí o sí ò.ó Así que para no saturaros en demasía iré subiéndolos de dos en dos (p de tres en tres, quién sabe, si son cortitos)

Por tanto hoy os dejo con la primera entrada doble. El microrrelato 34 está basado en hechos si no 100% reales sí n 95% por difícil que a algunos les pueda parecer. El relato 35, por su parte es una mezcla de miedos de mi infancia y miedo infundado real (y sí, es el mismo miedo de mi reto de inventízate en octubre, pero es que es un miedo muy real aunque sea irracional).

¡Que los disfrutéis!

Semana 34: Escribe un relato sobre un personaje con tu edad actual en su cumpleaños.

Llaman a la puerta y pese a que no espero a nadie abro. ¿Y si son ladrones al acecho de pisos vacíos? Después de todo estamos en semana de fiestas…
Obviamente no es un ladrón, y si lo es al verme adopta su personaje de encuestador.
—Buenos días ¿están tus padres? —pregunta con una sonrisa.
—Están comiendo, no pueden atenderle —contesto con una sonrisa inocente. Es mentira, pero tampoco es cuestión de decirle al hombre que estoy sola en casa ¿no? Aquello parece descolocarle, mira su libreta y me mira a mí, de soslayo y sé qué está pensando pero no digo nada.
—¿Eres mayor de edad? —¡Allí está! Mi gran momento para lucirme.
—No, aun no —Y aunque esa contestación signifique que no puede cumplir con su cometido parece tranquilizarle.
—Vaya, bueno, pues adiós. Buenas tardes.
—Buenas tardes —me despido mientras cierro la puerta.

Cada vez que se repite esta situación me asombro más. ¿Cuándo empezaré a aparentar la edad que tengo?  Pasar por menor de dieciocho el día de tu veintiocho cumpleaños es un gran hito, sé que a muchas les gustaría, a mí sólo me sirve para deshacerme de encuestadores pesados y que la gente no me tome en serio.
En mi habitación me quito el pijama y me visto, voy al baño y me peino y arreglo un poco. A ver si van a pedirme el DNI en el supermercado cuando compre el alcohol para la fiesta.

Semana 35: Piensa en tus miedos más oscuros. Haz un relato en el que a tu personaje le pasen al menos 2.

Sus risas crueles la acompañan de la piscina al baño. Las lágrimas apenas la dejan ver por dónde va pero logra abrir la puerta de uno de los cubículos, sentarse en la taza del wáter y cerrar el pestillo. Muchos la ha visto huyendo, llorando, pero ninguno entrará a preguntarle cómo está, cuchichearán y murmurarán a la espera de que salga para poder observarla y reír disimuladamente.

¡La fea se ha puesto a llorar! ¿Por qué le duele la verdad? No importa el bikini que se ponga, seguirá siendo una tabla de surf.

¿Sabes? Dicen que le mola el chico del grupo tres, el del pelo negro y rizado. No flipa ni nada, como que alguien se va a fijar en ella. Bueno, quizá alguien muy borracho…

Sorprendentemente el baño huele bien, a desinfectante con aroma a pino, y hay papel. Andrea coge un buen trozo y se suena la nariz. Las últimas lágrimas desaparecen por su barbilla y con un nuevo trozo de papel se seca las mejillas. Aun tiene la respiración agitada pero al menos vuelve a poder pensar con claridad. Ha hecho el ridículo. Creía que durante los campamentos podría hacer amigos pero al parecer los adolescentes son malvados tanto durante las vacaciones de verano como durante el año escolar. Sí, encontraba guapo a Carlos pero no quería nada con él, sólo hablar de cómics y música, decirle que aquella camiseta de Kingdom Hearts era muy chula… pero obviamente Andrea había hecho algo horriblemente malo en otra vida porque justo cuando había logrado reunir el valor para colocar su toalla junto a la de él y preguntarle cuál era su canción de MUSE favorita los imbéciles de sus amigos habían aparecido y al verla allí sentada habían empezado a reír y a señalarla.
—Menos mal que hemos llegado —dijeron al sentarse junto a Carlos— el monstruo iba a comerte.

Primera flecha a través del corazón. De nada sirve estar bajo el pleno sol de julio, el calor es incapaz de tocar su piel y empieza a temblar.

—Pensaba que los Gremlins no podían mojarse.
—¡Qué más da! Peor de lo que está no va a quedar.

Segunda flecha directa al estómago. Todo el calor que su piel es incapaz de sentir se concentra en sus mejillas, que arden con tanta fuerza que podrían evaporar las lágrimas que empiezan a brotar.

—Tíos, ya basta —Es lo único que dice Carlos.
—Lo hacemos por su bien. Tiene que saber que así no logrará nunca nada.

Tercera flecha que la parte en dos. Andrea se levanta y empieza a correr, por suerte no ha tenido que parar a ponerse las chanclas y aunque haya abandonado su toalla es mejor eso que aguantar dos segundos más aquellas palabras.
¿Qué hacer ahora? ¿Decírselo a los monitores? El mal ya está hecho, la imagen de ella llorando y huyendo quedará gravada en el recuerdo de todo el mundo, acompañado de una risa socarrona.

Descorre el pestillo y abre la puerta. Efectivamente el baño está desierto, incluso fresco gracias a las baldosas y la sombra que los árboles proyectan durante todo el día sobre el pequeño edificio. Se sorbe los mocos y se mira al espejo. La verdad es que sí que da pena. Los ojos rojos, las mejillas brillantes de lágrimas que no ha secado bien, sus estúpidos pechos que no crecen por muchos años que pasen. La ventana está abierta y una corriente de aire logra hacerse paso por el baño, erizándole el bello de los brazos y haciéndola creer que alguien ha entrado. Pero la puerta sigue cerrada, allí no hay nadie.
Cuando vuelve a mirarse al espejo su reflejo ha sido sustituido por el de otra chica.

Es pálida, con pecas y el cabello oscuro. Andrea lleva su mano derecha al espejo y la deja allí, con la palma abierta en contacto con la fría superficie. A los pocos segundos la chica del reflejo la imita. No desvía la mirada, no se mueve, apenas parece que respire.
Andrea quiere preguntarle quien es, qué está pasando, pero es incapaz de nada, ni tan siquiera retirar la mano, sólo puede respirar.
Empieza a hacer frío, su piel se eriza y un escalofrío le recorre la espalda.
—No merecen tus lágrimas —dice la chica del espejo. El cerebro de Andrea registra sus palabras y el movimiento de sus labios a tiempos distintos y aquello la hace despertar de su estupor. Sea lo que sea lo que está viendo no puede ser bueno —Puedo ayudarte, ¿no quieres que te ayude? —continua diciendo la chica mientras Andrea trata de separarse del espejo sin éxito. Su mano, desde la muñeca hasta la punta de los dedos, parece haberse desconectado completamente de su cuerpo, mucho peor que si se le hubiera dormido por falta de sangre.
—¡Déjame! ¡Déjame ir!
—Conmigo nunca volverás a pasar miedo.
—No quiero… —Las quejas de Andrea mueren antes de empezar. Su mano está desapareciendo y poco a poco la nada se apodera de su codo, de su hombro, su pecho, su cuello. No puede verse en el espejo, la otra chica aún está en él, mirándola a los ojos y sonriendo ligeramente, como si posara para una foto de carnet.
—¡Ayuda! ¡Que alguien me ayude, por favor! —grita Andrea. Su voz resuena en sus orejas y parte de ella sabe que nadie va a salvarla, que sólo ella ha escuchado su desesperación.
—Ahora nadie podrá hacerte daño.
La voz viene de sus espaldas. Se gira pero no hay nadie. Puede moverse, pero ya no está en el baño. Todo a su alrededor está oscuro, solo el suelo parece desprender un pequeño destello metálico.

Andrea se deja caer de rodillas y empieza a aporrear el suelo. No siente dolor, no se oye nada. Está en la nada más absoluta.

30 Reto Escritura – Isla desierta

Semana 30: Escribe un relato sobre cómo sobrevivir en una isla desierta.

Tengo entre manos el guión de una película de acción, va a ser la bomba, todos los estudios se darán de cabezazos por conseguir los derechos y escogerán sólo a los mejores profesionales para trabajar en ella, dejará boquiabierta a la crítica y dudo que se lleve menos de dos Oscars. Sé que ocurrirá, sé que todo eso sucederá, siempre y cuando pueda acabar esta mierda de escena.
Verás, tengo al protagonista en medio de una isla desierta. No puedo contarte cómo ha llegado allí, no pudo hacer spoilers de mi propia película, pero sí te puedo decir que hay alienígenas involucrados. Ha logrado huir de ellos y ahora debe mantenerse con vida el suficiente tiempo como para que los aliados lleguen a rescatarle. Obviamente ha conseguido fabricarse un pequeño dispositivo comunicador, por eso sabe que van a salvarle, pero ¿qué ha de hacer mientras? En esa isla desierta de apenas unos 100km² sólo hay arena, rocas, matorrales, algún árbol y una nave alienígena estrellada. De allí mi protagonista puede sacar piezas electrónicas y usar su carcasa para protegerse de las inclemencias del tiempo, pero no hay comida, ni ropa, ni agua potable. El agua de la lluvia puede ayudarle pero la contaminación la ha convertido en algo no recomendable para el consumo humano. Podría cambiar este hecho pero entonces partes del inicio de la película tendrían que cambiar también y solucionar eso sería mucho más difícil que salvarle la vida a mi protagonista. Puedo hacer que pesque con algo que encuentre en la nave, una red o una pieza de metal que sirva como lanza, pero si el agua de lluvia está envenenada imagínate la del mar y sus habitantes. Sólo quedan las plantas, que por consiguiente también tendrían que ser peligrosas, pero puedo ingeniármelas para explicar que si han sobrevivido es porque disponen de un sistema de filtrado ¿no? Puede, ¿o suena muy forzado? Puedo hacer que mi protagonista masque las hojas de los árboles, consiguiendo así algún tipo de salvia nutritiva que le deje débil pero vivo. Sólo son tres días, si lo protejo de una insolación y le mantengo mínimamente hidratado y alimentado ya vale, ¿cierto? No hay animales que puedan atacarle y los alienígenas están muy ocupados acabando de destruir Tokio y Nueva York. Creo que sobrevivirá, si los del programa ese de aventuras desnudos lo logran, él también. Además, es cine, es magia, si lo presento con la suficiente seriedad el espectador lo creerá…

 

 

21 Reto Escritura – Ese no era el final

Semana 21: Empieza una historia con: “Pero ese no era el final”.

Pero ese no era el final. Lo vi en los ojos de Niles.

Todo había empezado con una absurda apuesta y demasiado alcohol en la sangre.
— Pero seguro que no te atreves a pasar la noche en la casa abandonada del bosque —dije yo. No recuerdo de qué habíamos estado hablando pero Niles había empezado a ponerse chulo y aquello fue lo primero que vino a mi mente para callarle. Lucía estaba allí, no podía prestarle atención sólo a él— Es una casa encantada. Se oyen todo tipo de psicofonías e incluso olores extraños, primero de comida y luego a sangre.
—¡Qué dices! —Rió Niles. Una risa nerviosa, no soportaba nada que tuviera que ver con espíritus y magia negra—. Eso son todo tonterías.
—No lo son —intervino Ari— Charles y yo pasamos allí una noche cuando íbamos al insti.
Sonreí burlón a Niles y guiñé un ojo a Lucía antes de coger mi jarra de cerveza. Agradecía a Ari su apoyo, pero quizá contar aquello con Lucía delante no era la más apropiado, ¿y si pensaba que habíamos tenido una aventura? Quería que me viera como un valiente, no como un mujeriego.
—Y no quiero volver allí —dije después de un largo trago. Sólo de recordar aquellas largas y frías horas a oscuras se me erizaba la piel.
—Lo siento por Ari, pero si tú has estado allí no puede ser tan malo ―contestó Niles. Y entonces sonrió y supe que había caído en mi propia trampa. Había olvidado lo retorcido que podía ser—. Si paso allí una noche, ¿aceptas hacer lo que yo quiera durante una noche entera también?
Observé a mis amigos, Ari sonreía, tranquila, aquello no la concernía; Michael llevaba hablando por whatsapp la última media hora y, como siempre, luego se quejaría de que se sentía excluido del grupo; Niles sonreía también, pero confiado y satisfecho y Lucía me miraba con aquellos ojos verdes y una pequeña sonrisa tímida, era nueva en el grupo y no sabía aun cómo actuar ante aquello.
—Me reservo el derecho a negarme dependiendo de lo que me pidas, pero de acuerdo.
—¡Entonces no tiene gracia! —exclamó Niles, llamando ahora sí l atención de Michael.
—Pues me reservo el derecho a negarme a cumplir dos de tus exigencias —Oí a Lucía reír por debajo de la nariz y supe que mi voz había sonado como la de un niño consentido en una rabieta. Por suerte el calor y el alcohol ya habían teñido de rojo mis mejillas horas antes.

Por supuesto Niles pasó allí la noche. Con Lucía. A quien al parecer le encantaban las historias de fantasmas. No pasó nada entre ellos, pero ¿quién puede superar eso? Una aventura así te une de un modo único, Ari y yo habíamos sido confidentes desde nuestra propia peripecia en la casa abandonada. ¡Fui el primero a quien le contó que se había liado con su profesor de materiales! ¿Qué secretos habían compartido Niles y Lucía? ¿Qué le habría contado de mi?

Cuando al sábado siguiente, dos semanas después de la apuesta, Niles se presentó en el piso con la mochila al hombro y dos abultadas bolsas la certeza de que la había cagado por completo volvió a mí. Y Lucía estaba con él. La venganza de Niles era vestirme con una camiseta apretada de tirantes las mallas del gimnasio y un tutú. Chanclas en los pies, una tiara en la cabeza y, obviamente, una varita que brillaba con luces de colores en la mano.
—Ahora tienes que salir a la calle —dijo mientras me sacaba una foto con el móvil. Deseé que la tierra se me tragara. Aquello era horrible, una cruel pesadilla, pero ese no era el final. Lo vi en los ojos de Niles. No iba a acabar con salir a la calle.

Lucía trataba de esconder su sonrisa, Ari refunfuñaba porque también quería una varita de colores —yo le hubiera dado la mía encantado— y Michael, que había salido de su habitación para pedirnos silencio porque estaba por skype con su novia, había acabado quedándose en el salón para observar mi transformación de chico en pijama a chico en tutú.
—No te queda mal del todo —dijo Lucía controlando su risa.
—No hace falta que disimules, puedes reír todo lo que quieras. Tengo una pinta ridícula. Si la varita fuera real todos estaríais amnésicos —Lucía rió y la esperanza volvió a mí. Quizá si superaba la venganza de Niles aquella situación sería la anécdota que nos uniera, superior al miedo de una casa en ruinas.
—Pero como me acuerdo de todo —interrumpió Niles— ahora toca salir a la calle y conseguir que diez mujeres mayores de 60 se hagan un selfie contigo.
—¿¡Qué!? Definitivamente esto es el final de nuestra amistad.

Reseña – La isla del escritor

¡Buenas!

Hoy os traigo una reseñaa la que le tenía muchas ganas, espero que la disfrutéis ^^

La Isla del Escritor

Varios Autores
Año de publicación: 2016
Leído en: Castellano – versión ebook
Género: Variados
Puntuación:opinión literaria, literatura ciencia ficción, la isla del escritor, el libro del escritor, relatos cortos, historia, escritura creativa, ciencia ficción, fantasía, romántica, erótica

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